Nuestro basquet siempre tiene un motivo para estar inactivo. Primero la acefalía institucional; luego, el ordenamiento de pases de jugadores; seguidamente, la apatía de los árbitros; más tarde, la diferencia económica con los pocos árbitros que se acercaron dispuestos a trabajar. Fueron sólo algunas de las excusas que sirvieron para mantener a la dirigencia del basquet local en su pose preferida: la estática. Un estado preocupante que gana adeptos entre quienes deben trabajar por el desarrollo de la actividad.
Esta situación llegó a su límite cuando el pasado viernes, a último momento y con la característica informalidad de la dirigencia, se decidió sumarse al duelo por el fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner. Este motivo es comprensible, aun cuando se trate de una disciplina que entrando al último mes del año sólo disputó una fecha de un mini-torneito de dos meses de duración. Lo que no se comprende en este caso es la informalidad con la que adhirieron al duelo, ya que nunca se emitió un comunicado oficial, desprolijidad que sufrieron varios jugadores que llegaron a las canchas en que fueron programados sus partidos y al notificarse por rumores de la medida debieron regresar a su hogares conteniendo sus ganas y la bronca por una nueva falta de respeto.
Ni hablar del público que asiste a los juegos, y los medios que regularmente difunden la actividad y nunca fueron informados de la medida, siendo ingenuamente el canal que convocó mediante su información a los jugadores y al público para acompañar la actividad que, según el presidente de la Federación, Antonio Jalil, iba a cambiar, pero, hasta aquí, sigue siendo más de lo mismo.