El 11-0 de Villa Cubas sobre Estudiantes es una evidencia más del retroceso que provoca en los clubes la metodología de categoría Única del fútbol capitalino.
Con mirar las tablas de posiciones de las últimas temporadas alcanza para corroborar el emparejamiento descendente que genera la competencia de la Liga Catamarqueña de Fútbol, cuya temporada consta de dos torneos que persiguen una sola meta: clasificar al torneo del Interior. Certamen que a su vez, por sus costos cada vez seduce menos, porque se disputa en enero y sin chances de amortizar las inversiones con las ínfimas recaudaciones y con apenas el lejano objetivo de conseguir 2 ascensos directos o 2 promociones al Argentino B, donde las condiciones no varían y sino mirar la lucha que desde hace seis años afronta Policial sin lograr avance alguno.
Retomando nuestro eje, desde la desaparición de la divisional de Ascenso durante la gestión de César Hadad- la problemática parece haber tocado fondo.
Hoy, el acostumbramiento a las nulas exigencias por conservar la Máxima categoría generó un acostumbramiento en las comisiones directivas de que el esfuerzo por presentar un equipo entrenado, competitivo, con un cuerpo técnico estable para trabajar con regularidad por ofrecer cada fin de semana un espectáculo deportivo digno de la inversión que significa, es pura exclusividad de aquellos que pretenden jugar entre enero y marzo el torneo del Interior, y el resto cumple. ¿Cómo? Presentando la cuarta división, o simplemente con un equipo sin trabajo previo, sin estímulos, porque saben que sus directivos apenas necesitan justificar su existencia, y la participación por sí misma, es propia de una actividad libre y no debe ser considerado normal en el ámbito federado, mucho menos cuando se trata de la entidad madre del fútbol catamarqueño.
Lejos de seguir mirando para otro lado, el Consejo de Presidentes de la Liga Catamarqueña de Fútbol que preside Silvio Godoy, debería abocarse a afrontar esta problemática, porque está altamente demostrado que por este camino el destino es incierto, pero mientras tanto, hay quienes están sometidos a soportar el declive: los hinchas que por el amor a la camiseta van y alientan pagando entradas insólitas para el ‘espectáculo’ que se ofrece, los jóvenes jugadores que proyectan un futuro en el fútbol, el Estado que invierte (subsidios, seguridad y hasta el Estadio Ciudad de Catamarca o del Bicentenario, que se está construyendo en el Campo las Heras) todo tirado por la borda, porque el torneo dejó de enfrentar a los mejores en la Primera división, porque cualquiera la integra sin demostrar mérito alguno.