3 de diciembre de 2009 - 00:00
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El deporte infanto-juvenil
Gerardo Salorio, que conduce el programa Apertura Interior de AFA, y la semana pasada estuvo en Catamarca, disertó en Sudáfrica. Aquí, su exposición.
Es necesario que los entrenadores al igual que los padres recompensen las ejecuciones, la participación en planes deportivos y que se olviden de los resultados como fuente principal de recompensas. Los niños y los jóvenes no son adultos en miniatura, por lo tanto deben recibir el trato que se merecen y deben poder disfrutar y obtener en el deporte lo que están buscando, que es el placer y la diversión.
Sin duda no puede escapar a este análisis que las recompensas económicas que recibe un deportista profesional en la actualidad resultan sumamente atractivas, pero con más razón es imprescindible que el niño viva el proceso deportivo educativo asociado al placer y que a posteriori pueda o no elegir continuar una carrera profesional.
Resulta notable ver cómo por estas latitudes, y teniendo en cuenta la influencia mediática informando acerca de los montos de los contratos de los deportistas profesionales y los premios onerosos que reciben por cumplir sus objetivos, han ido rotando los motivos principales de los niños para realizar la práctica activa de un deporte.
La grilla de motivos por las cuales los niños hacen deporte tradicionalmente fue: por diversión; para mejorar destrezas y aprender otras nuevas; para estar con amigos; por la emoción y porque es excitante y luego recién para tener éxito y ganar. En la actualidad se evidencia una inversión significativa de estos motivos, ampliamente impulsados por factores externos al niño como lo son los padres, la mayoría de las veces.
El objetivo tener éxito o ganar a cualquier precio es tremendamente nocivo para la práctica deportiva, dado que éste justifica cualquier medio para alcanzar tal fin. Es de suponer que los niveles de violencia en el deporte infantil se hayan incrementado por tal motivo. La agresión instrumental y la agresión reactiva en deportes infantiles son moneda corriente y la mayoría de las veces se dejan pasar por alto debido a que el deportista o el equipo consiguieran el logro deportivo.
Por tanto, es primordial que tanto los padres como los entrenadores y hasta los jueces deportivos reconceptualicen al deporte juvenil como un proceso educativo el cual es un medio y un fin en sí mismo.
Despejando totalmente la noción de ganadores y perdedores, la cual genera la consecuencia más fatal para el deporte de iniciación, que es el cese de la actividad deportiva.
En la medida que no se respeten las motivaciones de los niños por participar de los programas de entrenamiento deportivo mayor será la deserción de éstos y más frecuente será encontrar jóvenes completamente alejados del deporte, sin poder gozar de los amplios beneficios que brinda.
Es necesario mencionar nuevamente a los jueces deportivos, quienes deben adoptar una actitud facilitadora más que una posición autoritaria distante de los niños. Del mismo modo, los padres, desde su rol de espectadores, deben mantener una posición acorde a tal rol. Es muy frecuente que al terminar un juego, el padre se acerque a insultar a un árbitro, o le cuestione decisiones al entrenador, o fastidie a su hijo por ejecuciones erradas.
Es necesario entender que muchas veces desde la posición de padres entendemos a nuestros hijos como nuestras prolongaciones y por tanto deseamos que actúen como lo haríamos nosotros, desde afuera. Para ello reitero que los niños y los jóvenes no son adultos en miniatura, son niños que persiguen sus objetivos, distintos a los de los padres y que deben, obligatoriamente, ser respetados.
Ni la postura del padre fanatizado y obsesionado por el resultado, ni la del padre absolutamente descomprometido favorece al desarrollo de los deportistas infantiles. Es necesario acompañar al niño, hacerle sentir que uno desde la posición de padre se encuentra feliz por lo que él realiza más que por cómo lo realiza. Priorizar la práctica deportiva a la práctica óptima del deporte.
El no acompañar en ocasiones al niño a la competencia, el no interesarse por sus entrenamientos puede resultar tan nocivo como la persecución implacable de padres fanáticos.
A modo de sugerencia considero que resultaría ampliamente operativo adoptar un modelo de comunicación de doble vía entrenador-padres, especialmente en los períodos de pretemporada, a los fines de poder presentarse como entrenador, de hacer conocer los objetivos del programa deportivo a los padres, de mencionar los roles y responsabilidades paternas y buscar establecer un día y horario para la relación entrenador-padres.
En la medida que el binomio entrenador-padres maneje un buen caudal de comunicación, trabaje y desarrolle el rol a desempeñar por cada uno de ellos, y por tanto permita el crecimiento deportivo de los niños desde una perspectiva de acompañamiento mutuo, seguramente la práctica deportiva será una verdadera fuente de placer para el niño y perderá cualquier carácter que tienda a transformarla en situación estresante.
La aproximación positiva de parte de cualquier agente deportivo (entrenador, juez, dirigente, padre, etc.) es favorecedora y posibilitadora del desarrollo deportivo, lo cual implica que a edades tempranas no se puede perder de vista el carácter educativo del deporte, generando de este modo que a edades mayores resulte más grande la población que pueda decidir o no continuar con una carrera profesional.
Que un par de deportistas enfrenten a edades tempranas desafíos deportivos adultos, no significa ni mucho menos que ése deba ser el paradigma a imitar. La vida deportiva debe prolongarse con la llegada de las ciencias aplicadas al deporte, y actualmente se confunde esta actitud con el inicio precoz.
Es importante entender que un joven entrenado respetando sus etapas madurativas llega siempre más preparado a enfrentar situaciones estresantes que aquellos que sin elegirlo, fueron impulsados a hacerlo.
Busquemos, por tanto, cada uno desde la posición que nos toca ocupar, generar una actitud facilitada de inserción deportiva. Entendiendo que el niño inicia un proceso de aprendizaje y no un trabajo en una empresa deportiva. Legalmente para desarrollar la mayoría de las ocupaciones existentes en el mercado laboral es necesario tener una mayoría de edad, excepto en el deporte.
Respetar al niño como un infante y no como un adulto en miniatura es la cuestión.
Niño sigue jodiendo con la pelota... Que eso no se dice.... Que eso no se hace.... Que eso no se toca...
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