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Regreso del mito viviente que no detiene su andar

En Vélez, se mostró otra vez de pie y con ganas de seguir mostrando su arte, a los 58 años.
25 de octubre de 2009 - 00:00
El regreso de Charly García mostró un sinfín de matices, enmarcados en una noche lluviosa, ventosa y llena de emociones que permiten soñar con que el mito viviente del rock nacional pueda seguir rodando en su carrera.

Recuperado, pleno y disfrutando de un show que tuvo condimentos para todos los gustos, Charly festejó sus 58 años, pero sobre todo mostró que está otra vez de pie y con ganas de seguir regalando su arte.

Lo primero era saber si Charly estaría recuperado como se decía, si el estadio de Vélez podría ser un escenario adecuado para su retorno y si esa magia que en sus mejores momentos desplegó podría revivirse.

Todo eso se cumplió, teniendo en cuenta que viene de un parate de 15 meses, de una recuperación a la adicción a las drogas y la edad, el músico del bigote bicolor colmó las expectativas de sus fanáticos y de aquellos otros que fueron para certificar que todo lo que se decía era cierto.

Hubo momentos de rock and roll en estado puro con temas como Cerca de la revolución, Rap del exilio, Nos siguen pegando abajo o Demoliendo hoteles, que hicieron delirar a una masa humana empapada de sudor, pero mucho más por el diluvio que se abatió en el estadio José Amalfitani.

Pero contrariamente a lo que podría haber hecho el otro Charly, el anterior a todo este proceso médico al que se sometió, García siguió tocando y redoblando la apuesta, pese a que desde las luces que estaban en lo más alto del escenario cayera una catarata de agua.

El tecladista Fabián Quintiero debió terminar tocando debajo de un improvisado toldo de bolsas de nylon que le armaron los asistentes para que pueda seguir accionando el órgano y guarecer los equipos de la lluvia.

El cumpleaños de Charly fue la excusa de la gente para demostrarle todo su cariño entonando el famoso Cumpleaños feliz, a lo que el músico les respondió: Un año menos..., que desató la carcajada general.

El poncho en homenaje y recuerdo de la recordada Mercedes Sosa fue la forma elegida por Charly para decirle a la Negra que estaba otra vez de pie y con ganas de seguir a fondo.

La sorpresa de la noche fue la presencia de Luis Alberto Spinetta, a quien García presentó como: Mi gran amigo, con quien interpretó el conocido Rezo por vos, cuando el cielo entregó un aguacero infernal, con rayos y truenos de complemento.

Incluso tuvo momentos para hacer bromas y calificar al show como el primer concierto subacuático del mundo, mientras el cielo repartía gotas de todos los colores.

A medida que le recital transcurrió la banda sonó más sólida, tanto por la característica guitarra del negro Carlos García López como de los coros de Hilda Lizarazu, el nombrado zorrito Quintiero y el trío chileno conformado por Antonio Silva (batería), Kiuge Hayashida (guitarra) y Carlos González Vázquez (bajo).

Sobre el final los bises regalaron temas como Deberías hacerlo bien, Hablando a tu corazón, No me dejan salir y, cuando las luces del estadio ya estaban prendidas y la gente se retiraba, García y sus músicos volvieron para regalar la frutilla del postre, que fue No se va a llamar mi amor.

La carrera solista de García revivió una noche pluvial de octubre del 2009 en el estadio de Vélez y ésa es una gran noticia para todos.
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