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Al gol se le fue un amigo muy especial

24 de enero de 2009 - 00:00
Uno que tuvo la suerte de transitar diversos escenarios deportivos en la vida, gracias a la magia especial del periodismo deportivo, siempre tiene guardados recuerdos, de los buenos y de los otros.

Yo, por ejemplo, tengo en mente momentos muy especiales que viví hace un par décadas por el lado de Piedra Blanca con el Club Defensores de Esquiú.

Eran tiempos diferentes, la amistad era totalmente distinta; la sentíamos de otra manera. Es indudable que la vida cambió, pero jamás los nombres de los amigos, como por ejemplo, para mí, el de José Escobal, cariñosamente llamado Cupé, el mismo que hace quince años, más o menos sentía la inmensa alegría de ver a su hijo Walter debutar con la camiseta de su amores, la rojinegra del Sagrado del fútbol chacarero.

Cosas de la vida, el padre era defensor, y su hijo goleador. Uno los evitaba, el otro los conquistaba.

Y así continuó su rumbo la vida de aquel chiquilín de los goles, a quien se lo identificó como Yoyo para la popular y sus amigos, que quizás, eran los mismos del baby fútbol, o los de los potreros de Piedra Blanca.

Walter fue creciendo, siempre rompiendo redes adversarias, lo que era su pasión por otra parte. En ese crecimiento mostraba ser un ser muy particular, consciente de lo que ofrecía la vida, capacitado para lo que venga.

Muy jovencito se casó, así que ya tenía una responsabilidad distinta, aunque favorecido por los consejos de su padre y su madre Antonia, lo supo afrontar con madurez.

Todo esto tan especial que estoy narrando, de pronto se convirtió en tristeza, desazón; vaya uno a saber cómo se puede llamar a este sentimiento tan diferente que Ie tocó vivir a un amigo de verdad como Cupé.

El pasado 12 de enero, un fatal accidente comenzó a llevarse de a poquito a Walter. El que siempre había sabido defenderse de tantos golpes adversarios en una cancha, no pudo con este golpe que Ie aplicó el destino y viajó al llamado del Señor, en una de esas para confundirse en un abrazo interminable y emocionado con su madre, que había fallecido, justo hace cinco años.

Yo no voy a repetir la frase de decir que un amigo como Yoyo dejó un espacio vacío: mentiras, Walter Escobal seguirá siempre entre los suyos, simple y sencillamente por que fue un ser especial.

Queda un retoño, dejó su semilla, por ahora con once años, y quien te dice que muy pronto vuelva a vibrar en las tribunas Sagradas: ¡el Yoyo no se fue, el Yoyo no se fue...!. Todo es factible cuando existió un hombre muy querido, que con sus jóvenes 32 años no pudo esquivarle a este cruel destino.

Para su padre, más allá de su inmenso dolor, queda la conformidad de haber entregado a la vida un hijo, que hoy no está físicamente, pero está junto a su ser más querido, su madre.

Sigo insistiendo, el gol perdió un amigo a cambio de un recuerdo que perdurará todo una vida, fuerza Cupé.... Argentino Argañaraz
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