ver más

África, pero en Catamarca

El paso por Fiambalá tuvo tormentas de arena, viento y hasta uno que otro beduino.
16 de enero de 2009 - 00:00
(La Voz) - La apacible localidad de Fiambalá, en el oeste catamarqueño, fue escenario ayer de un hecho histórico en su vida fundacional: servir como punto de lanzamiento de la 12° etapa del Dakar 2009 después de albergar el parque cerrado en la tarde noche anterior.

Sus tres mil habitantes estables vieron con sorpresa como por primera vez Fiambalá era invadida por 25 mil personas ávidas de ver el paso de la carrera. La noche del miércoles y la madrugada de ayer fueron uno solo y las calles se llenaron de bullicio de personas e idas y venidas de autos hacia el punto de lanzamiento, establecido a ocho kilómetros de la localidad. Además, uno de los lugares más elegidos fue el paso por el lecho seco del Río Baudama. Era una inmensa cañada con sólo una orilla habilitada para el público y que no tardó en completarse en las primeras horas de la mañana.

Una tenue llovizna recibió a La Voz del Interior antes que saliera el sol, mientras un fuerte viento comenzó a soplar minutos después. Catamarca se empapó muy pronto de la idiosincrasia ancestral del Dakar y como si estuviéramos en Mauritania o en Libia, el viento pronto se convirtió en una gran tormenta de arena que castigó a todos por igual.

La arena invadió los ojos de los espectadores, convirtió en un espejismo el lecho del río y complicó el accionar de los pilotos, ya que al cansancio de la carrera se sumó también la molestia de circular por un túnel de arena, provocando que muchos pilotos perdieran el rumbo, pese a estar a muy pocos metros del paso que indicaba el GPS de control de paso.

Sahara... Así el Dakar 2009 se convirtió casi en una carrera en medio del desierto de El Sahara argentino donde sólo faltaron los beduinos originales, aunque muchos que recurrieron a remeras o rompevientos para taparse la cara de la arena se les parecieran bastante.

En los lugares previstos para ver el paso de la carrera y hasta en el más recóndito pueblito el protagonismo de la gente en el Dakar no deja de sorprender. Banderas argentinas agitadas, pañuelos en alto, brazos agitados, todo es válido para saludar a los esforzados pilotos. Es un túnel de gente por el cual circulan los autos sin solución de continuidad y se renuevan las muestras de afecto a cada paso. Ni hablar cuando un piloto se detiene en una estación de servicio y es literalmente bajado en andas de la moto haciendo estériles los esfuerzos de quienes buscan contener tanta muestra de afecto.

Otra prueba de ello fue el ingreso al autódromo de La Rioja a media tarde de ayer, donde se produjo un verdadero colapso entre quienes intentaban entrar al circuito, que sirve como parque cerrado y vivac de la carrera y aquellos que buscaban salir del mismo. Fue un caos de duró varias horas, casi hasta la caída del sol. El Dakar es el responsable y todos los gozan a su manera.
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar