El catamarqueño Raúl Rata Gordillo experimentó en su partido despedida la diferencia entre la satisfacción por un éxito deportivo y la felicidad en un campo de juego. Su corazón estallaba de alegría, se notaba en su mirada y en cada movimiento: lo hacía con placer y notable empeño, como grabando cada instante.
A su alrededor, el pueblo catamarqueño resucitaba su pasión futbolera. Se rendía homenaje a un grande, y aunque preferiríamos que siguiera jugando, nadie exteriorizó el lamento, porque como pocas veces, la cancha era una fiesta y nos dejó a todos con ganas de volver.
El Rata soñaba despierto. El estadio Malvinas Argentinas estuvo repleto, como él lo soñó. Corearon su nombre ante cada acción, como él lo soñó. En la platea, su mamá desbordada por el orgullo y la emoción, como él lo soñó. En el verde, acariciando la redonda, todos sus amigos, como él lo soñó.
Como si esto fuese poco, la grandeza del espectáculo favorecía al fin benéfico de la Fundación Soles, como él lo soñó.
Luego de tantas sensaciones y emociones, las palabras no alcanzan, por eso, nos respaldamos en las imágenes que transmiten un significado mayor.