viernes 17 de abril de 2026

Es para "Rafa" que lo mira por tv

El estadio Polideportivo de Mar del Plata estuvo a pleno, vibró con David Nalbandian, sufrió con Juan Martin Del Potro, pero se llenó de mística copera a pesar del cambio de sede, teniendo como recuerdo latente la ausencia del número uno del mundo, el mallorquí Rafael Nadal.

(NA) - Es para Rafa que lo mira por tv, bramaron los más de 10 mil argentinos que estaban en el estadio marplatense, cuando Del Potro superó la línea de Feliciano López con una derecha paralela y levantó sus brazos buscando el apoyo del público.

Todo giró en torno a la figura del número uno del mundo, quien por una tendinitis en la rodilla se perdió la serie final de la Copa Davis.

En el fondo, los argentinos también querían verlo en acción a Nadal, para poder hacer realidad aquél pronóstico de Del Potro tras ganarle la serie a Rusia en el Parque Roca: Le vamos a sacar los calzones...

Incluso, uno de los espectadores llevó al estadio un calzón celeste con florcitas coloradas y lo enarboló como un trofeo de guerra.

Desde la tribuna más ruidosa, los argentinos apostaron por el bombo -con el recordado Tula como líder- y a los redoblantes, mientras que enfrente, en la platea llamada Uby Sacco (en homenaje al fallecido campeón mundial marplatense), los

españoles enarbolaron trompetas y los colores amarillo y rojo, típicos de la furia.

El Rafa se cagó, el Rafa se cagó, fue otro de los gritos de guerra de los hinchas argentinos, aunque los españoles prefirieron más alentar a su equipo -en especial a López con el feliiii...feliiiii- que apuntar sus dardos a los locales.

Si bien en el partido de Nalbandian los argentinos estuvieron subidos a la ola de euforia, en el duelo Del Potro-López, comenzó de mayor a menor, hasta diluirse con la derrota del tandilense.

No obstante, la sensación que inundó el Polideportivo fue la de incertidumbre. Primero de alegría por el triunfo de Nalbandian y luego de preocupación por la caída del tandilense.

Se plegaron las banderas, se acallaron los bombos y los calzones volvieron a la cómoda de la pieza, esperando tener otra ocasión para mostrarlos triunfantes.
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