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Arias Gibert y su amor por Los Teros

17 de noviembre de 2008 - 00:00
Días pasados leía sobre lo que el rugby nos dejó a cada uno de nosotros, y viéndolo de una manera cronológica, me acuerdo de mi mamá prendiendo la luz de la habitación que compartíamos con mi hermano Enrique, a quién algunos de Uds. conocieron y también compartieron alegrías y tristezas en la cancha. Principalmente alegrías, no porque hayamos ganado, si no porque el rugby es eso, alegría.

Como decía, mi mamá prendiendo la luz tratando de indagar los motivos por los que su hijo tenía tan mal dormir, y no era otra cosa que la fuerza de nuestro juego vivido en sueños, sueños de tries y de tackles salvadores para mi equipo, que por supuesto no era otro que Los Teros.

El destino y mi constancia me llevaron a marcar ese primer try en un entrenamiento, por supuesto al poco tiempo de comenzar con los mismos, y luego a jugar mi primer partido oficial para mi club, en la vieja Unión Catamarqueña de Rugby.

Los innumerables partidos alentando a nuestra primera división, y admirando a nuestro admirable octavo, Roberto Brunello, quien el destino quiso que fuera yo quien lo suplantara en aquella primera, cuanto llegó mi tiempo; como ahora también me toca seguir sus pasos en la presidencia de nuestro club.

Menudas cargas ambas, pues en aquellos años Roberto fue admirable por su juego, tanto como ahora lo es por sus cualidades personales, pero estoy yendo del tema, perdón.

Quería contar de aquella vez que me dijeron que tenía la posibilidad de jugar en la primera, me convocaban para jugar en la primera de mi club, un sueño hecho realidad, que aun hoy cuando me acuerdo me emociona.

Años soñando con asumir la responsabilidad de defender a mi club en la primera, y ese día llegó: el viejo Barletta me dijo que llevara los botines para un partido amistoso interprovincial, con el desaparecido Liceo de Córdoba. Fueron días de enorme excitación a tal grado, que practicando un salto en un line imaginario, salté por enésima vez justo abajo del marco de una puerta, y la consecuencia resultó obvia: un corte con puntos en la frente del que aún llevo la marca en mi frente, ahora demasiado amplia por cierto.

El caso es que el día del debut se pospuso. Por eso, tuve la suerte de vivir dos veces la emoción previa al debut en la Primera de mi club. Emoción enorme que no volví a vivir, ni cuando jugué para Los Tilos, ni cuando jugué en la primera de Universitario de Córdoba, ni cuando jugué en probables y posibles formaciones del seleccionado de Córdoba. Nunca pero nunca se vuelve a vivir algo así cuando uno es de este Club, y este club es el único que nos puede dar esa emoción con la fuerza máxima, y esa emoción se la agradezco a mis entrenadores, a mis compañeros pero principalmente a la vida que me llevo a amar este deporte.

Pero mi club, me sigue dando esas emociones de la primera vez, hace muy poco viví la emoción de ver salir por primera vez el agua en nuestro predio, y volvieron los recuerdos de todas las primera vez que viví en mi club, y unos días después, al lado de un montón de amigos de toda la vida, la emoción de poner el primer árbol en nuestro predio.

Les mando un gran abrazo, y les agradezco a todos el amor a Los Teros con la misma intensidad que yo.

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