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Días atrás, Catamarca recordó uno de los episodios más dolorosos que marcaron su historia. El 30 de junio de 1986, la explosión de un proyectil de mortero abandonado causó la muerte de tres niños y dejó varios heridos.
Cuatro décadas después, las familias mantuvieron vivo el recuerdo de las víctimas y pidieron que esta tragedia no quede en el olvido.