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ANA IVONE Conductora de su vida

Con más de 15 años como trabajadora al volante, compartió con Revista Express su historia, marcada por las bendiciones.
domingo, 4 de abril de 2021 · 01:07

Quien haya subido al auto de Ana Ivone seguramente la recuerda. Tiene una voz muy dulce y un hablar pausado, como de locutora. Ella es una trabajadora al volante, pero, además, es la primera chica trans en desempeñarse en este oficio en Catamarca. “Gracias a Dios y a mis padres, esta hermosa bendición comenzó el 3 de noviembre de 2003. Desde hace varios años estoy trabajando en este rubro. Realmente soy una bendecida por Dios porque trabajo en lo que me gusta”, expresó.
Recordó que llegó a este trabajo “de tanto tomar coches”y consideró que Dios la puso en este camino. Es una mujer de fe; con solo escucharla se puede advertir. “Dios me dijo ‘esto va a ser para vos’ y gracias a Él así fue”, contó. Este milagro comenzó a obrarse con un señor, como dice ella, Miguel Oyola, quien conducía un remís Renault 12. Ana Ivone comenzó a observar y a preguntar cómo era este trabajo. “Este buen hombre me empezó a hablar del oficio, cómo es, cómo se maneja. Se despertó en mí el interés y este señor me alentaba a que lo pelee, que iba a llegar. Me regaló una tarjeta que hasta el día de hoy conservo, con los datos de la empresa, números gratuitos para llamar y pedir coche con su nombre”, detalló.
Pasó el tiempo y Ana Ivone adquirió un vehículo y una licencia. Tomó rumbo a la empresa, de la que el señor Oyola le había comentado. “Yo pensaba que era un chofer y resultó ser el gerente. Fue muy emocionante porque cuando ingresé a su oficina para inscribir mi auto en su empresa, Ambato, me dijo, antes de saludarme ‘¿viste que ibas a llegar, que lo ibas a lograr?’. Fue una sorpresa mutua porque me sorprendí de que ese chofer sencillo, con tanta buena onda era el dueño de la empresa. Él también se sorprendió porque llegué a ese lugar para inscribir el coche”, comentó. 
Desde entonces, con cada viaje y con cada pasajero, Ana Ivone sumó experiencia e historias. Destaca que siempre la sociedad tuvo un buen gesto para con ella. “Hubo muy pocas excepciones de discriminación. Me tocaron buenos compañeros, muy solidarios y muy buenos… bastante diría yo. En ese aspecto, también tuve suerte”, destacó.
Sobre su andar, contó que al principio pensaba “qué lindo, estás sentada dando vueltas; no es mucho esfuerzo” pero luego se dio cuenta que a veces no todo marcha sobre ruedas. En este rubro, explicó, a la mayoría de los choferes les afectan los riñones, pero a ella hasta ahora no. Sin embargo, admitió que tiene algún problema en la cervical. 
“En los comienzos me trabajaba todo y tenía mis compromisos con mis clientes, para llevar niños al colegio o personas a su trabajo. En ese sentido, siempre fui muy responsable porque hay que asumir que la gente tiene que estar a la hora que ellos necesitan. Me autoexigía mucho y cumplía. En este trabajo, si piden un coche a las 11 para un domicilio, si estaba trabajando y antes me salía un viaje y no sabía a dónde iba ese pasajero, entonces esperaba 20 minutos o media hora en algún lugar para poder pasar exactamente a la hora que el pasajero necesite. Así de exigente era conmigo misma para poder cumplir con los horarios”, recordó.
Con los años y la experiencia, Ana Ivone aprendió a trabajar a su ritmo. Ahora, cuenta, ya no agarra viajes pactados semanales o mensuales porque “ante todo hay que ser responsables; no me gusta ser impuntual. Ya no puedo cumplir con eso porque tengo a mis padres que son grandes y eso me condiciona en los horarios y, a veces, en los días para trabajar. Somos tres, mis padres y yo y nos necesitamos el uno al otro. Ya no puedo asumir esos viajes. Mi trabajo ahora, en ese sentido, es medio liviano. Además, tengo afectada la cervical. Estoy bien, pero a veces me vienen malestares. Salgo unas horas a la mañana a la tarde otro rato”, detalló.

Compañeros de viaje
Ana Ivone define a su vehículo como su herramienta de trabajo y dentro de éste, está rodeada de tres amiguitos, tres peluches, una ovejita “Ñeñe”, un tigre y el último que le obsequiaron es una foquita. “Con esto tengo bastante sino ya no voy a poder ver por el parabrisa”, comentó entre risas. 
La oveja se regaló su dueña, una niña –hoy adolescente-. Sobre esta “compañera de trabajo”, recordó que su mamá, desde que estaba embarazada, tenía ese peluche para la bebé que venía en camino. Pasó el tiempo y la niña creció. “Una vez, subió la madre de esta niña con ella y un bolso lleno de juguetes. En mi corazón, no sé porqué, deseaba tanto ese peluche, aunque no se lo dije. Ese mismo día, el peluche se cae en el auto, en el asiento de atrás, y no me di cuenta. Llegaron a su destino y no sabía que ese peluche estaba en el auto. Luego, subió un matrimonio con un bebé en brazos; pudieron habérselo llevado, pero la esposa me lo dio. De todos los peluches que llevaban en esa bolsa, justo el que deseaba se había caído. ‘¡Qué bonito! Cómo quisiera tenerlo’, pensaba. Lo conservé con la intención de devolverlo, pero no volví a ver a madre e hija. La nena se llama Ariana. Lo tenía con la idea de devolverlo. Pasó un año y medio, hasta que volví a dar con ellas. Les conté esta historia. La mamá me dijo que me lo hiciera quedar porque su niña decía que ya ‘es grande, que ya no usa peluches’”, contó.
Luego, compartió esta historia con otra mamá que viajaba con su niña. La nena le dijo a su madre que también quería regalarle un peluche a la señora que manejaba. “Llegamos a su casa, la niña bajó y trajo un tigre. Esta niña se llama Mía”, contó.
Su tercera “compañera de trabajo” es una foquita, que se la regaló un niño llamado Elián, a quien llevaba al jardín. “Él tampoco quiso quedarse atrás y me regaló una foquita chiquita, que cabe en la palma de la mano. Estos peluches son del tamaño justo y me acompañan”, comentó.

Gajes del oficio
Ana Ivone expresó que ya lleva muchos años trabajando y valora su trabajo y el vehículo. “Es mi capital, el de mis padres y mi herramienta de trabajo. Soy muy agradecida a Dios y a mis padres. Gracias a mi Señor Jesús jamás me pasó nada malo. Trabajé de noche, tuve viajes con hombres solamente y gracias a Dios jamás me pasó nada. Soy una eterna agradecida a Dios por guardarme a cada momento. No tuve ningún accidente”, aseguró. 
Sin embargo, en algunas ocasiones el viaje puede tener algunas complicaciones. A veces, sube alguna pareja y al momento de pagar, las mujeres se ponen “en el papel de celosas” y dicen “dejá que ya pago yo”. El acoso no es ajeno y es una realidad que hace mella en las trabajadoras del volante. “Cuando reciben el cambio o dan el dinero existe ese roce de manos que es provocado, buscado”, indicó. 
Afortunadamente, en la suma, Ana Ivone siempre destaca todo lo positivo. “Tengo muchos compañeros que partieron de esta vida, todos muy buenos. No somos una monedita de oro a quien le caemos bien a todo el mundo, pero la mayoría son muy amables, solidarios, siempre está el saludo”, resaltó.
En este sentido, siempre agradecida, destacó que a las personas del grupo de diversidad sexual se les facilitó mucho la inserción laboral. Al mismo tiempo, valoró las gestiones de gobierno por los derechos conquistados, como el de Identidad de Género.
“Ésta es mi historia y la comparto para que todos la puedan conocer. Creo que soy la primera chica trans en este oficio en Catamarca. Estamos en un grupo de Chicas al Volante, que se formó hace poco. Comenzó hace un año y medio aproximadamente. Al principio éramos muy pocas y hoy somos alrededor de 30 mujeres al volante, entre taxis y remises. Se creó este grupo para poder trabajar y luchar por todo lo que necesitamos en el rubro, como cuestiones de seguridad. También creamos grupos de whatsapp por cuestiones de trabajo para pasarnos información y también nos organizamos para trabajos solidarios, ante cualquier necesidad. Nos ayudamos entre todas. También peleamos por las compañeras para que tengan sus licencias”, contó.

Foto: Gentileza
Textos: Basi Velázquez

 

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