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Laura Schemper

Cajitas mágicas

El arte del calado de papel (papercut) requiere planificación, paciencia, tranquilidad y mucha dedicación. También requiere un desafío: “En cada obra quiero llegar a algo mágico”.

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28 de noviembre de 2021 - 01:00 Por Redacción El Ancasti

Cortar papeles, darles forma y transformarlos en una obra de arte no es algo que pueda hacer cualquiera. Se trata de un método que requiere de muchísima dedicación y paciencia, y Laura invierte en sus trabajos eso y más. “Cuando comencé a ver este tipo de trabajos en internet los veía como algo mágico, y eso es a lo que quiero llegar: a crear una cajita mágica”, le contó a Revista Express.
“Desde que tengo uso de razón siempre estuve ligada a lo artístico”, recordó, aunque también reconoció que la vida “después me llevó por otros caminos”. “A pesar de eso, siempre vuelvo al arte y creo que es una constante. Me di cuenta de que no lo puedo dejar porque es una parte fundamental en mi vida. No es mi actividad principal, pero creo que voy camino a eso porque cada vez ocupa un espacio más grande. Es parte de mí”, explicó.
Para llegar a esta etapa del calado, Laura estuvo mucho tiempo trabajando con el origami, el milenario arte de doblar papel. “Me encontré con el papercut hace un poco más de dos años, buscando figuras nuevas para hacer en origami porque quería aprender un poco más. Así me aparecieron imágenes de cuadros calados y me voló la cabeza. Empecé a ver cómo era y a buscar más. Al principio me costó encontrar, porque había muchos artistas, pero de afuera. Después de un tiempo estudiando y pensando, lo veía como algo mágico y era eso a lo que quería llegar: a un producto que me resultara mágico”, recordó.
Así fue que dejó de mirar otros trabajos y comenzó el proceso de iniciar los propios. “Investigué qué materiales necesitaba, y con qué podía hacerlo acá. Me costó encontrar porque no había muchos papeles con el grosor adecuado, ni materiales para calar. Entonces empecé a probar con herramientas improvisadas, como un bisturí en una lapicera, pero no tenía estabilidad. Después encontré elementos en una librería artística, encontré el papel con el que me sentía más cómoda que es el de 250 gramos”, explicó.
El primer cuadro fue literalmente una cajita: hecha de cartón, con una “figura simple” sobre Harry Potter, en la que mezcló origami y calado. Un cuadro que todavía conserva su hija.
“Me gusta muchísimo la técnica porque me permite jugar mucho con las figuras, las luces y sombras, los tonos de colores. Cuando hablo de luces no hablo de los cuadros que tienen luces led, que es un agregado extra, sino que los distintos niveles y tipos de papel, a los que dependiendo la luz que le da y la hora del día se los ve de una manera diferente”, destacó.
Para Laura lo más especial de este tipo de trabajos es que representan un desafío. “Me gusta desafiarme con cada obra, con el momento que empiezo tengo que pensar en los niveles, qué voy a poner primero. Muchas veces la planificación me lleva un proceso más largo que el calado en sí. Eso me motiva, y creo que eso también me llevó a iniciarme en el calado”, valoró. Pero además, es un arte que lleva muchísima concentración y mucho tiempo, pero también de mucha soledad: “Diría que cada cuadro es una meditación, por el silencio y la tranquilidad que lleva hacerlo”, dijo.
Aunque desde el comienzo fue totalmente autodidacta, después tuvo la posibilidad de capacitarse con otros artistas nacionales y aprender nuevos tips. “Todavía sigo probando e intentando cosas nuevas, metiendo nuevos papeles y creo que eso lo hace enriquecedor: uno va incorporando cosas que a lo mejor otros hacen de otra manera”, reflexionó.
Así fue que los trabajos evolucionaron. En su segundo cuadro, sobre El Principito, le agregó una frase. “Eso me llevó también para el mundo de lo literario, con obras de ese estilo. Y así fue como llegué al Mercado de Libros de la Casa de la Cultura, me estimuló a buscar más. En esa feria muchas personas me compraron cosas, o me hicieron pedidos sobre libros. Y en un momento alguien me pidió si podía recrear una fotografía. Ahí se presentó un nuevo desafío”, recordó.
“Yo ya había hecho un trabajo con una fotografía, pero en una sola capa, y creo que ahí empecé otro camino en mis obras caladas. Si bien hubo como un antes y después cuando le puse luces, que desde entonces casi todos los pedidos fueron con luces, cuando hice esa foto todos los pedidos empezaron a llegar por ese lado: para hacer regalos muy personalizados. Me tocó en muchos casos de personas que ya no están, entonces es una manera de hacerle una caricia a la persona que está sufriendo, con alguna frase de aliento. Se van abriendo puertitas con nuevos desafíos, y eso me tiene más atrapada todavía”, destacó Laura.
El proceso de cada trabajo es muy especial. Requiere escuchar historias que algunas veces pueden ser breves, y otras pueden ser de varios días. Una conversación en la que cada persona explica sus emociones, sus deseos o simplemente las razones por las que quiere pedir el trabajo. “Algunas veces me dan un escrito para incluir, otras los buscamos en conjunto. Cada historia me obliga a ponerme en la piel del otro y sentir eso que me están pidiendo. Por un lado pienso en qué es lo que necesito lograr, pero por el otro pienso en la persona que lo recibe. Por eso cuando agradezco el trabajo, agradezco porque me dejan formar parte de un pedacito de esos momentos especiales”, confesó.
Como cada obra nueva es un desafío, cada obra representa nuevos sentimientos. “Esa sensación de lograr una ‘cajita mágica’ la siento con la devolución que me dan cuando lo reciben, o hacen el regalo. Creo que logro llegar a esa cajita mágica que quería hacer cuando empecé. Esa devolución es muy fuerte y me alimenta a hacer más, seguir y crecer. Es la parte increíble de todo el proceso”, agradeció.

Texto: Peze Soria
Fotos: Gentileza Laura Schemper


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Laura está en Facebook como Lau.Schemper y también en Instagram como @lau.schemper

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