El chisme

domingo, 18 de octubre de 2020 · 01:00

El chisme es como el teléfono descompuesto porque, desde que el mensaje original sale y llega a la quinta persona, se distorsionó en un 70%. Alguien dice: “Yo escuché…”; el otro dice: “Me dijeron que…”; y el próximo dice: “Me parece que…”. Y mientras el rumor va pasando de persona en persona, se va deformando y ya no es el mismo que salió de la fuente. 

Hay chismosos “de buena fuente” y chismosos “amateurs”. Pero los que abundan en todos lados son los chismosos “envidiosos”. Son aquellas personas que necesitan desprestigiar la imagen social de alguien en un lugar público. Entonces llevan y traen rumores porque su objetivo es quebrar la reputación del otro. Aquí hay una lucha de poder. 

Distinto del anterior es el chismoso “de barrio”, para expresarlo de alguna manera, que necesita la mirada del otro y dice: “No sabés lo que me enteré; si te cuento, no lo vas a poder creer”. En el fondo, está buscando llamar la atención. Quiere que lo miren, pero lo hace por la indirecta y por la negativa. Piensa: “Mírenme, tengo algo importantísimo que decir”. 

Todos los seres humanos, al comunicarnos, hacemos uso de tres leyes. Esto fue descripto por dos terapeutas estadounidenses, llamados Gordon Allport y Leo Postman, autores del libro Psicología del rumor. La primera ley es la reducción. Cuando nos cuentan algo, tendemos a reducirlo porque el cerebro busca ahorrar combustible psíquico. Entonces, por ejemplo, yo te cuento que hice un vivo y te doy todos los detalles al respecto, y vos lo reproducís en una sola oración: “Bernardo hizo un vivo a las dos de la tarde”. 

La segunda ley es la acentuación. Todos acentuamos lo que nos interesa: “Bernardo hizo un vivo sobre cómo disfrutar vínculos interpersonales sanos”. Y la tercera ley es la asimilación. Otra cosa que todos solemos hacer, al comunicarnos, es agregarle algo a lo que nos contaron o escuchamos: “Bernardo hizo un vivo a las dos de la tarde sobre vínculos interpersonales sanos; se lo veía muy cansado”. Ahora, ¿qué sucede con el otro cuando yo le cuento algo? Vuelve a achicar el mensaje: “Bernardo hizo un vivo y estaba cansado”. Es así como, agregando y quitando, se va armando la cadena del rumor y la información se va desvirtuando. 
¿Cómo deberíamos reaccionar cuando nos inventan un chisme? Una técnica muy efectiva para desarmarlo es exagerarlo sin aclararlo. Por ejemplo, si alguien te dice en el trabajo: “Se corrió el rumor de que vas a cambiar de trabajo…”, podrías decirle: “¿A la competencia? Sí, me voy a esa compañía y a otra multinacional también”. A esto se lo conoce como “ironía asertiva” y actúa instantáneamente.

Lo importante siempre frente al chisme, que Allport describe como “un mensaje de difusión sin verificación oficial”, es no engancharnos, no dar explicaciones, ir a la fuente y no creer todo lo que nos dicen. Porque todo rumor infundado y mentiroso proviene de la falta de un proyecto propio. Quien siente que no tiene una historia personal interesante y plena desviará su mirada hacia la vida de alguien cercano.
 

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