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Armando Raúl Bazán: in memoriam

El pasado 20 de junio, una fecha muy particular, falleció el historiador Armando Bazán. Nacido en La Rioja, desarrolló una importante carrera en Catamarca.
domingo, 7 de julio de 2019 · 04:00

En 1997 las autoridades de la Facultad de Humanidades me invitaron a participar de un homenaje a Armando Raúl Bazán. Se cumplían 25 años de su designación como miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia y nuestra Facultad organizó ese acto para celebrar el aniversario. Yo era estudiante de la carrera de Historia y me sentí honrado en poder participar de ese homenaje. Recuerdo que en mi discurso comenté que, días antes, en el Archivo Histórico, me había encontrado con un estudiante de Historia de la Universidad Nacional de La Plata y me preguntaba dónde podía conseguir los libros de Bazán. Le dije que podía consultarlos en la Biblioteca del Centro de Investigaciones Históricas del NOA y que allí mismo podría charlar con el Profesor Bazán, que era el director del Centro. Con cara de asombro, que todavía recuerdo, el estudiante platense me preguntó: “¡Pero cómo! ¿Bazán vive?”. Al profesor Bazán le hizo mucha gracia este comentario. Quizás ese día, o poco antes, advertí la importancia que la obra de Armando Raúl Bazán tenía en otros centros académicos del país.

Yo iniciaba mi carrera en la Universidad en los primeros años de la década del noventa del pasado siglo XX y un día participé de una conferencia pronunciada por Armando Bazán. Su voz, su postura, su discurso, su pasión, me cautivaron para siempre. Al final de ese evento, repartió entre los presentes algunos ejemplares de su conferencia “Reflexiones sobre la Historia Contemporánea de Catamarca” ¡y a mí me obsequió uno! Guardo ese ejemplar como un preciado tesoro.

Esos fueron mis primeros encuentros con Bazán. Hasta que tuve un encuentro fundamental, frente a frente. Examen final de la materia “Historia del Noroeste Argentino”. Recuerdo que empecé a estudiar esa materia en enero y la rendí un 18 de agosto. ¡Qué nervios! Quería hacer buena letra ante el profesor Bazán. Recuerdo que él estaba espléndido, con un pañuelo blanco en el bolsillo del saco. Al terminar el examen, ya más tranquilo, me animé a pedirle que me firmara sus libros. ¡Así poseo esos libros con el testimonio de su dedicatoria! Por eso recuerdo la fecha, 18 de agosto. Busco en mi biblioteca esos libros. “Para mi discípulo, en quien palpita la levadura del historiador”, auguró para mí entre otros buenos deseos. ¡Qué emoción releerlas hoy!

Y cuando mi carrera de grado llegó a su fin, Armando Raúl Bazán fue el presidente del tribunal que evaluó mi tesis de Licenciatura, dirigida por la magíster Gabriela de la Orden. Otra vez ante un tribunal integrado por Bazán. Mi mamá, que estaba esperando fuera el desenlace de mi defensa, siempre recuerda que, cuando Bazán salió, dijo: “Excelente. Ya es un colega”. Hoy, todos esos recuerdos cobran otra dimensión.

Ya integraba el equipo de su cátedra “Historia del Noroeste Argentino”, junto a la magíster Mirta Azurmendi de Blanco, cuando un día de febrero recibo un llamado telefónico de la magíster Isabel Bazán, directora del Departamento Historia. Me decía que el licenciado Armando Bazán me esperaba en su despacho del Centro de Investigaciones Históricas del Noroeste Argentino, al otro día. Jamás olvidaré ese momento. Me había citado a las 11 horas. Antes de los cinco minutos ya había terminado nuestra entrevista. Me dijo: “La gente de bien se entiende con pocas palabras”. Nunca olvidé esa frase. Me ofrecía reemplazar a la magíster Mirta Azurmendi, que era la secretaria del Centro y había asumido en ese tiempo un cargo de gestión en el gobierno. ¡Por supuesto que acepté! Al reintegrarse ella al Centro, inmensa fue mi alegría cuando Bazán gestionó para que yo continuara trabajando con ellos. El exrector Julio Salerno y el exdecano Luis Eduardo Segura accedieron a ese pedido del Profesor Bazán. Y cambiaron mi vida para siempre.

¡Cuánto aprendí trabajando diariamente con el Profesor Bazán! Sus charlas cotidianas, sus comentarios, consejos, aportes, sugerencias. Aparte de integrar los equipos de investigación que estaban bajo su dirección, compartía también con él los tribunales de examen en la Facultad. ¡Era un placer escucharlo!

Luego vino la concreción de un proyecto ansiado por él: la Maestría en Historia Regional Argentina, carrera que él dirigió en la Universidad Nacional de Catamarca. Allí fui su alumno y luego aceptó dirigir mi tesis. Integró también ese tribunal y más tarde presidió otro, cuando concursé en la Universidad.

Una manifestación que demostró una vez más su confianza y respeto por mi trabajo intelectual fue proponerme, en 2007, como miembro de número de la Junta de Estudios Históricos de Catamarca. Era un voto de confianza enorme. Tuve el honor de ser recibido por él en la sesión pública de la Junta del 6 de agosto de 2008, en el Salón Calchaquí. Guardo ese momento entre mis recuerdos más preciados.

Un día le pregunté quién era su mejor amigo. Sin dudarlo, Bazán me dijo: “¡El Padre Olmos!”. Me contó de los proyectos conjuntos y de cuánto extrañaba esos trabajos y charlas con él. Conversamos sobre el artículo que habían escrito juntos titulado “La ciudad de Catamarca en 1812”. En ese orden de cosas, Bazán recordó su amistad con Ramón Rosa Olmos en el número especial de la revista Todo es Historia, referido a “La Buena Gente” y, en su último libro, “Personalidades benefactoras de mi destino”. Recuerdo que cuando finalicé una conferencia en la que me referí al padre Antonio de Jesús Lobo, miembro fundador de la Junta de Estudios Históricos de Catamarca, el Profesor Bazán me dijo: “Lobo fue un santo varón” y me encomendó una enorme tarea: “en una próxima conferencia tiene que referirse al aporte del padre Olmos en la Junta”. Estoy trabajando en esa línea, desde que recibí ese pedido.

Como autor reconocido y referente de una muy fértil línea historiográfica, Bazán me dio la oportunidad de firmar con él, en 2004, una investigación histórica que se publicó como anexo en la Carta Orgánica del Departamento Fray Mamerto Esquiú. ¡Qué honor firmar un trabajo junto con Bazán! Más tarde, participé con él y otros colegas en libros en coautoría, sobre la Revolución de Mayo, la Independencia y la historia de algunos pueblos de Catamarca. Por otro lado, me solicitó presentar su libro Revisión de Mayo en 2009, junto al magíster José Ricardo Ariza, en el Salón Amarillo, y, a su vez, tuve el honor de que aceptara presentar Sociedad y Devoción en Catamarca, obra de mi autoría, en 2013 y en el mismo Salón.

Un día del año 2014, en medio de una charla, le sugerí que tenía que escribir un libro donde se refiriera a gente significativa con la que había tratado en su vida. No volvimos a tocar el tema hasta que, tiempo después, me entregó los borradores del libro para que los lea. ¡Cuántos recuerdos siguen brotando! Mi ejemplar de ese libro tiene una hermosa dedicatoria de su parte fechada el 6 de agosto de 2015. Me pidió que escribiera las “palabras liminares”. Allí manifesté que: “el mayor legado de Armando Raúl Bazán, desde lo historiográfico, está conformado por sus obras, a cuyo frondoso elenco se suma este libro que, con una pluma ágil, una memoria fresca y un criterio sabio, ilumina y enriquece notablemente a la cultura catamarqueña y argentina. Además de sentirme honrado por ello, constituye una gran responsabilidad esbozar estas líneas, por ser el autor una autoridad de la ciencia histórica a nivel nacional y provincial, por tratarse de un referente en mi vida profesional y por el profundo afecto y respeto que siento por él. El Licenciado Armando Raúl Bazán es una personalidad benefactora en mi vida”.

Capítulo aparte merece su apoyo al Centro de Estudios Genealógicos y Heráldicos de Catamarca que presido. Aceptó la designación de Miembro Honorario y, por pedido nuestro, escribió en la Revista N° 1 de nuestra institución un artículo en el que se refiere a la importancia que la Genealogía tuvo en sus investigaciones históricas. Ese artículo es un reflejo de nuestras conversaciones sobre los linajes riojanos y las luchas por el poder.

El 16 de mayo me llamó por teléfono. Charlamos sobre la genealogía de los Ortiz de Ocampo y su descendencia en Catamarca. Él recordaba que lo habíamos conversado en otra oportunidad. Cuando corté, les dije a mis padres: “Admiro las ganas de trabajar de Bazán y yo me canso haciendo poco”. Recordé que cuando se iniciaban las primeras vacaciones de invierno trabajando ya con él en el Centro de Investigaciones, por 2004, lo despido al Profe y le digo que descanse estos días. Me dice que él debía volver el lunes a su despacho para terminar algo sobre el 9 de julio. Le repetí que empezaban las vacaciones y que descansara y me dijo: “¡Ya habrá tiempo para descansar, mi estimado amigo!” Jamás olvidaré esa respuesta.

Ahora descansa. Y nos deja su enorme obra como legado y mojón.

 

Texto: Colaboración de Marcelo Gershani Oviedo

 

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