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Judíos en Catamarca: tradición e integración

La colectividad judía catamarqueña está integrada por 30 familias. Sus costumbres siguen vigentes y cohabitan con la fe mariana.
domingo, 5 de mayo de 2019 · 04:20

Días pasados, los católicos celebraron la Pascua con los tradicionales huevos de chocolate y la rosca; los judíos celebraron con matzá. Yane Wainstein es un referente de la colectividad judía en Catamarca y en una cálida entrevista con Revista Express abrió las puertas de su casa para compartir sus costumbres.

Contó que la Última Cena es el primer “seder” (cena) de Pésaj. Se prepara un pan sin levadura, que llaman matza, solo con harina y agua. De esta manera, se recuerda el éxodo judío de Egipto. “Durante el éxodo, no hubo tiempo para que el pan leudara”, explicó. Se encienden velas y se llena una copa “kidush” que tiene que rebalsar, en señal de abundancia. Se llena con vino o con un jugo de uva especialmente preparado para esta celebración. Acompañan con kiará, un plato que se prepara para recordar lo que pasaron en Egipto.

Para esta comunidad, el Pésaj tiene un significado muy especial, relacionado con el sentido de libertad. Esta es una de las celebraciones más importantes. “Es la alegría de ser un pueblo libre”, expresó.

El Año Nuevo judío se celebra 10 días antes del Día del Perdón, otra fecha importante. La fecha es relativa, dado que el pueblo hebreo tiene un calendario lunar de 28 días; por lo general, se celebra entre septiembre y octubre. Se ayuna, no se prepara comida ni bebida. Hanukkah es una festividad que suele coincidir con la Navidad. Es la fiesta de las luminarias en conmemoración a un milagro. Se utiliza un candelabro con ocho brazos, uno por cada día de la semana y otro para encenderlo, explicó. El sabat es el día de descanso. El viernes por la tarde se preparan, encendiendo una vela. “No se hace nada. No se usa el teléfono ni se cocina; se prepara todo antes”, aclaró.

Dado que en Catamarca esta colectividad es pequeña no hay rabino ni templos. Sin embargo, tienen una sede, la Asociación Israelita, ubicada en Salta 842 y La Torá. Aún así, cuentan con una maestra que prepara a los chicos, a los 13 años, para el Bar Mitzvah y a las chicas, a los 12, para el Bat Mitzvah. Esta celebración es importante porque a los 13 años los niños se convierten en hombres y las cuestiones religiosas se realizan con grupos no menores de 10 hombres, llamado minián.

En Catamarca, aclaró, no hay judíos ortodoxos y la kipá la utilizan para los días festivos. También contó la importancia del 1 de enero. “Es la circuncisión del Señor, el bautismo de Cristo. Nació el 25 de diciembre y siete días después se realizó la circuncisión”, explicó.

En cuestiones religiosas, para esta comunidad, la religión la da la madre. “Madre hay una sola. La condición de judío la da la madre”, precisó.

La mujer ocupa un lugar de privilegio, siempre al lado del hombre. “Pueden tener rango jerárquico, como un hombre. Tienen un papel importante y participan activamente”, contó.

A fin de celebrar sus principales festejos, la comunidad hace traer a un oficiante y en los dos últimos años una mujer encabezó las ceremonias. Así como está el rabino también está la rabina.

Para la ceremonia de circuncisión, se trae un rabino desde Córdoba o Buenos Aires. Tradicionalmente, las bodas fueron oficiadas por hombres. En Catamarca, suelen realizarse bodas ecuménicas. En Catamarca no se enseña hebreo, pero sí se enseña La Torá para el Bar Mitzvah y el Bat Mitzvah.

 

Historia

Yane dijo que es “nyc”, es decir, un judío norteño, bien del norte argentino, “nacido y criado” en Catamarca. Sus padres eran inmigrantes rusos que se conocieron en Tres Arroyos, Buenos Aires. Remarcó que la colectividad judía en esta provincia se originó con las corrientes migratorias de la Generación del 80, junto con la llegada de los españoles, italianos y sirio-libaneses. En sus comienzos eran 60 familias, pero luego los hijos tomaron otros rumbos. “Todos los extranjeros son descendientes de esta época. En la calle Rivadavia se notaba el comercio judío en los años 60”, recordó.

También destacó que a su pueblo le gusta reunirse. “Tiene un espíritu gregario, con ganas de estar juntos”, enfatizó.

La comunidad hebrea, popularmente está relacionada con la actividad comercial. Yane opinó que esta característica pudo surgir debido a que por los golpes que sufrieron a lo largo de la historia, la actividad comercial les permitía desprenderse fácilmente de sus pertenencias y llevarse lo que tenían. A la vez, destacó que los judíos de destacan en todas las disciplinas, tanto artísticas como científicas. “Tenemos el 30 % de los Premios Nobel”, destacó.

De esta manera, echó por tierra el estereotipo del judío. Sin embargo, aclaró que siempre fomentan el estudio en sus hijos, a fin de que tengan una profesión. “Deben tener herramientas en la vida”, expresó. En tiempos actuales, en sus más de 6.700 años como pueblo y en los albores del Siglo XXI, consideró que si bien en Catamarca no se sienten discriminados, eso no significa que no haya discriminación.

“Somos un pueblo abierto y el único pueblo que se ríe de sí mismo. Aprendemos de las comidas de otros pueblos: de las pastas de los italianos y los pescados de los españoles. Somos un pueblo de tradición e integración”, comentó.

 

Éxodo moderno

Una de las migraciones en masa más importante del pueblo judío fue a finales del siglo XIX. En aquella oportunidad, no cruzaron el desierto sino que cruzaron el Océano Atlántico. Con los años fueron llegando a Argentina, en distintos contextos socio-económico y político.

El 14 de agosto de 1889 llegó al país el vapor S.S. Wesser  de bandera alemana, con 138 familias a bordo. Ese hecho dio inicio a lo que años más tarde se convertiría en una de las comunidades judías más grandes del mundo. Actualmente, la comunidad judía en la Argentina es la octava en importancia en el mundo, con unos 250.000 miembros (las comunidades más numerosas son las de Estados Unidos e Israel, respectivamente).

La embarcación ancló en las costas bonaerenses, proveniente de Europa, con 824 pasajeros conducidos por el rabino Aarón Goldman. La mayoría de ellos ni siquiera sabía de la existencia de la Argentina hasta que puso un pie en esta tierra. Pese a ello, la incertidumbre y el desarraigo eran superados por las esperanzas de dejar atrás una fatídica época caracterizada por la pobreza y los pogromos -saqueo y matanza de gente indefensa, especialmente judíos, llevados a cabo por una multitud-.

Sin embargo, la primera decepción llegó en forma casi inmediata para estos inmigrantes: las tierras que habían adquirido a la distancia ya no estaban vacantes. De ahí en más se inició un periplo de varias semanas en tren, en busca de una tierra donde fuera posible cosechar, pese a que no tenían conocimientos de agricultura.

Después de varias idas y venidas, el pequeño gran sueño de estos inmigrantes se vio hecho realidad de mano del terrateniente Palacios, quien poseía miles de hectáreas en la provincia de Santa Fe. Con la esperanza de asentarse en esas tierras, poco menos de dos semanas más tarde sellaron los contratos entre ambas partes. Así el territorio que hasta la actualidad ocupa Moisés Ville, un pueblo declarado histórico nacional que con los años se constituyó en el poblado pionero de la comunidad judía en el país. Allí, entre otras instituciones y museos, se erige la Sinagoga Brener.

En Catamarca, la historia se escribió de otra manera. En una entrevista realizada en agosto de 2014, los historiadores Norha Trettel de Varela Dalla Lasta y Marcelo Gershani Oviedo contaron a RE que desde “las Europas” llegaron los principales grupos de inmigrantes que forjaron a Catamarca.

Según, los “profes de Historia” a los españoles, por una cuestión de idioma, les resultó más firme aquerenciarse en esta provincia, que era una población pequeña. Los que se quedaron en la ciudad se dedicaron al comercio y los que se fueron al interior, a la agricultura o también al comercio.

“Los inmigrantes italianos y españoles eran católicos y eso los ayuda a integrarse. Distinta es la situación de los judíos, por ejemplo. En Catamarca, la colectividad nunca fue tan fuerte como para llegar a tener una sinagoga. Los que vinieron era agnósticos o librepensadores”, precisaron.

 

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