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Descubriendo tu luz interior

domingo, 3 de marzo de 2019 · 07:00

¡Buen día! Hay un tema muy frecuente en mis consultas y tiene que ver con la autoestima. La Real Academia define a la autoestima como el aprecio o consideración que tiene una persona hacia sí misma. Es decir que de aquí saldrá el valor que nosotros tenemos de nosotros mismos.

Un cuento de Jorge Bucay dice: “Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más? El maestro, sin mirarlo, le dijo: ‘Cuánto lo siento, muchacho,  pero debo resolver primero mi propio problema. Quizás después… Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar’. ‘Encantado, maestro’, titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.

‘Bien’, asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba y dándoselo al muchacho, agregó ‘cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas’.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. Alguien le ofreció una moneda de plata pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. Entró en la habitación. ‘Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo’. ‘¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo!’, contestó sonriente el maestro. ‘Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. Quién mejor que él para saberlo. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo’.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo: ‘Dile al maestro muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más de 58 monedas de oro por su anillo’. ‘¡¿58 monedas?!’, exclamó el joven’. ‘Sí –replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas pero no sé… Si la venta es urgente…’.

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido. ‘Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto”. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?’

Muchas veces solemos ver primero lo que no nos gusta de nosotros y obviamente de los demás. Entonces nos convertimos en críticos excelsos de lo que creemos que no es bueno y poco a poco comenzamos a tapar los talentos con los que nacimos, nuestras virtudes y fortalezas. No vemos los logros que tuvimos y retos superados, pues nuestras críticas aparecen primero. Y así, vamos tapando ese magnífico ‘ser’ que puja por salir pero que nosotros ignoramos. En algunas ocasiones hay personas que hasta se les dificulta ver de lo que son capaces. Y es lógico, se concentraron tanto en lo que no son buenos y en lo que les dijeron los de afuera, que llega un punto, en dónde piensan que no sirven para nada. ¿Ahora, cómo se puede cambiar? Un primer paso es comenzar a no criticarse, por nada. Hay una diferencia entre ver y aceptar nuestros errores, aprender de ellos y trabajar en cambiarlos, a criticarse.

La crítica siempre trae una connotación negativa. No existen críticas constructivas. La crítica trae culpa y la culpa busca castigo. La aceptación con responsabilidad es otra cosa. Aceptar que cometimos errores y trabajar para cambiarlos o enmendarlos si es necesario puede hacerse sin flagelarnos y lastimarnos. Aprender a valorarse, tiene que ver con esta nueva mirada desde el amor. Mirarnos con amor. Mirar todo lo bueno que hay en nosotros y a partir de ahí cambiar lo que queramos cambiar. Una cosa es cambiar desde el amor y otra desde la crítica. A veces las personas confunden soberbia con valorarse. Esto no es así. La humildad no tiene nada que ver con no ver nuestros valores. La humildad ve nuestro valor pero no se vanagloria de ello. Se sirve de ese valor y sirve a los demás a través de ellos. La soberbia en cambio, es justamente falta de amor a sí mismo. Necesita demostrar a los demás que vale. Entonces, el primer paso a la autoestima es mirarte desde el amor .Este va a ir acrecentándose a medida de que dejes de poner foco en lo que consideras malo en vos y pongas foco en ese “ser maravilloso”,  que tiene una infinita capacidad de amar, aprender y realizarse y que constituye tu esencia. Desde ahí, reaprender, ahora desde el amor y la aceptación, a “ser quien querés ser.”

 

¡Buen domingo para todos! Todos los meses, tenemos una cita. ¡Éxitos!

 

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Coach Ontológico Profesional

Contacto: ghandy_ger@hotmail.com

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