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Condenaron a 13 años al joven que mató a su suegro

El fallo de los jueces fue unánime y declaró culpable al imputado del delito de homicidio simple. La pena fue más severa que la solicitada por el fiscal, quien consideró justa una condena de 9 años. Pacheco manifestó su arrepentimiento y pidió “perdón” a la familia de la víctima.

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9 de septiembre de 2006 - 00:00
Roque Juan Facundo Pacheco (21) fue condenado ayer a purgar 13 años de cárcel por el crimen de su suegro, Francisco Martorelli, a quien mató incrustándole una barra de hierro en la cabeza que le lanzó a modo de jabalina. Así lo resolvió con el voto unánime de sus integrantes el tribunal de la Cámara Penal de Segunda Nominación, que declaró culpable del delito de homicidio simple a Pacheco y le aplicó una pena más severa que la solicitada por el fiscal Gustavo Bergesio.

El fallo se dio a conocer a las 12.45 de ayer luego de una extensa jornada que incluyó la declaración de Pacheco, quien pidió hablar ante el tribunal apenas iniciada la audiencia, del último testigo y la exposición de los alegatos de la Fiscalía, la Querella y la defensa del imputado.



Arrepentido

Pacheco ya había declarado anteriormente durante la investigación del fatídico episodio ocurrido el domingo 31 de julio del año pasado en horas de la siesta, y ayer no aportó muchos datos más. Simplemente insistió con que el hecho fue una fatalidad y que jamás tuvo intención de lastimar a su suegro.

Para ello explicó una vez más que fue la víctima quien le buscó pelea en aquella oportunidad y que al momento de levantar el hierro y lanzárselo, fue en una actitud defensiva ya que Martorelli se volvía para agredirlo.

Sin embargo, al ser sometido a las preguntas del tribunal sus argumentos se debilitaron sensiblemente, ya que no pudo explicar cómo fue que el hierro se clavó en la cabeza de su suegro desde atrás. También fue endeble su respuesta ante la lectura de una exposición policial en la que dos meses antes del hecho ya había manifestado que si seguían los inconvenientes con su suegro “no respondería de sus actos”, lo que sonó a una clara amenaza.

De todas formas, Pacheco pudo manifestar un profundo arrepentimiento y hasta pidió disculpas a la familia de la víctima por lo que, insistió, consideró un hecho accidental. En un momento se quebró y lloró ante los jueces al narrar el dolor que le provocaba que sus pequeños hijos lo fueran a ver a la cárcel y le preguntaran hasta cuándo iba a estar allí.



Alegatos

Previo a la exposición de los alegatos pasó un último testigo, el perito planimétrico de la policía que dio algunos detalles en cuanto al croquis incorporado en la causa. Luego se dio paso a la etapa de los alegatos.

El primero en usar la palabra fue el fiscal Gustavo Bergesio quien mantuvo la acusación original y solicitó una pena leve para Pacheco. El representante del Ministerio Público consideró que efectivamente hubo dolo en el accionar del imputado y que las explicaciones dadas por él en su descargo no encontraban refuerzo en ninguna otra prueba.

El fiscal consideró que no había dudas de que arrojó el hierro como una jabalina y que Pacheco era consciente del resultado que tendría su actitud. E incluso dejó abierta la posibilidad de que el hecho se pudiera abarcar dentro del “dolo eventual”. Al momento de evaluar el monto de la pena, el fiscal consideró que 10 años de prisión era una pena justa para el acusado, y señaló que la ausencia de antecedentes y el arrepentimiento manifestado, debía ser tenido en cuenta por el tribunal.

A su turno, el abogado de la querella particular, Víctor Pinto, fue más allá y destacó que al momento de concretarse la agresión, la víctima estaba indefensa, ya que se encontraba de espaldas, como quedó probado durante el debate. Por ello consideró que debía calificarse el hecho como homicidio agravado por alevosía, con lo que tácitamente pidió la pena de prisión perpetua para Pacheco.

Finalmente, el alegato de la defensa, ejercido por René Fernando Contreras, consideró que, basado en el testimonio del imputado, el hecho debía calificarse como homicidio preterintencional y pidieron una pena mínima. En tal sentido, el abogado señaló que el medio utilizado no era idóneo para causar la muerte, con lo que no podía considerarse que Pacheco actuó con dolo.

E insistió una vez más con la posibilidad de que la víctima haya padecido alguna enfermedad que le haya debilitado los huesos, y que facilitó que el hierro se incrustara en su cráneo.

La última palabra fue aprovechada por el imputado para pedir a los jueces que fuesen justos con él y para pedir una vez más disculpas a la familia de la víctima y a la suya propia.
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