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Se cumplen 16 años del crimen de María Soledad

Ya no queda catamarqueño que desconozca o niegue la manipulación política del caso. En cambio, las circunstancias del asesinato mantienen sus interrogantes abiertos.

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8 de septiembre de 2006 - 00:00
A 16 años del crimen de María Soledad Morales, la comunidad catamarqueña vive este nuevo aniversario con sensaciones encontradas. Prevalece entre ellas cierto distanciamiento, propio de la saturación provocada por una década de incesante bombardeo mediático, donde abundaron datos inconducentes y groseros manoseos de la información.

Un segundo elemento emerge incuestionable, y es que a esta altura de los acontecimientos no queda ya un solo catamarqueño que desconozca o niegue la abierta manipulación política generada a partir del crimen, intromisiones que no conocieron límites, y terminaron por malograr cualquier posibilidad de esclarecimiento, si es que alguna vez existió la voluntad de esclarecer lo ocurrido.

El tercer elemento, que ratifica lo dos anteriores, es la uniformidad del discurso que hoy exhiben todas las partes involucradas en el vergonzoso proceso judicial: la falta de respuestas y la pésima labor judicial son denunciadas tanto por la familia de la víctima como por la familia del principal condenado.

La vulgar y alevosa manera en que la Justicia de Catamarca archivó el caso después de la sentencia que condenó a Guillermo Luque, puso en evidencia el desinterés por llegar a la verdad, y confirmó que la irracional agresión que sufrió una estudiante de apenas 17 años, no fue -para los responsables de investigar- más que la apertura de un terreno ideal para dirimir una batalla política sin precedentes.

El pueblo que marchó reclamando justicia, terminó en su mayoría burlado, y quienes no se sumaron a la contienda (más personal que ideológica), optaron por alejarse paulatinamente de una discusión que poca relación guardaba con el reclamo inicial.

La historia se cerró con una condena que describió una historia desacreditada por posteriores fallos judiciales, que tomó como único sustento un par de testimonios contradictorios sobre los cuales no se procuró avanzar nunca más.

Por este conjunto de razones, el aniversario es tan doloroso como siempre, porque al drama mayor de una muerte injustificada, sumó el accionar de una justicia que procedió tan burdamente que no logró satisfacer a un solo catamarqueño. Considerando, desde luego, a quienes esperaban justicia.
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