CARA Y CRUZ

El Eje Norte

miércoles, 22 de septiembre de 2021 · 01:10

El gobernador Raúl Jalil se reunió ayer con su par Juan Manzur, designado Jefe de Gabinete tras el golpe electoral que sufrió el Frente de Todos a nivel nacional. Ambos forman, con el riojano Ricardo Quintela, el santiagueño Gerardo Zamora, el sanjuanino Sergio Uñac y el formoseño Gildo Insfrán, el reducido club de mandatarios que salvaron la ropa en las primarias, con resultados, salvo en el caso de San Juan, más que holgados. Son también los ganadores de la Liga del Norte Grande, un eje más amplio, compuesto por los mandatarios de las diez provincias de la región, que se ofreció al presidente Alberto Fernández desde los albores de su gestión como plataforma para edificar un poder que le permitiera balancear la enorme gravitación de la vicepresidenta Cristina Fernández, afincada territorialmente en la provincia de Buenos Aires.

Proliferan interpretaciones de todo tipo sobre el encumbramiento de Manzur. La mayoría de ellas insisten en identificarlo con Fernández o con Cristina. El típico ombliguismo metropolitano se resiste a reconocerle relieve político autónomo, rasgo que se acentúa por el consenso del resto de los gobernadores, incluso los derrotados, que advierten el riesgo incubado en la millonaria caída de votos que experimentó el kirchnerismo bonaerense y un dato central que arrojaron las urnas: por primera vez en toda su historia el peronismo quedó muy por debajo del 40% del total de votos emitidos.

La responsabilidad por la inédita escasez del desempeño peronista no puede atribuirse al interior: desde 1999, la política del movimiento viene siendo dictada por el Conurbano, hecho que a su vez determinó un fenómeno de fragmentación, con los caciques provinciales cada vez más replegados sobre sus distritos, cuidando sus capitales políticos. 

Esto empezó a manifestarse con más nitidez durante la gestión de Mauricio Macri que, en minoría en el Congreso, debió desarrollar una gestión afirmada en permanentes negociaciones con los gobernadores para sancionar las leyes que requería su programa. En ese contexto se dio, por caso, la devolución del 15% de la masa coparticipable que se les retenía a las provincias para financiar la ANSES.

Eyectado de la Presidencia, Macri se dedicó a fustigar a quienes habían procurado estos consensos, como el ex presidente de la Cámara de Diputados Emilio Monzó y el ex ministro del Interior Rogelio Frigerio.

En las elecciones de 2015, la fragmentación peronista fue más ostensible. La mayoría de los gobernadores prefirieron desacoplar sus elecciones de las nacionales para blindarse frente a un escenario nacional demasiado incierto. La candidatura de Fernández, promovida por Cristina, pareció revertir la dispersión, pero el ungido se negó a robustecer vigas alternativas a la kirchnerista para afirmarse y terminó concentrando casi todo el esfuerzo político en el área metropolitana y la provincia de su madrina, gobernada por Axel Kicillof.

Los gobernadores peronistas apoyaron la quita de un punto de la coparticipación federal a la Ciudad de Buenos Aires para entregárselo a Buenos Aires, pero advirtieron hasta donde era capaz de llegar Fernández para tratar de mantener la estabilidad del distrito cristinista.

Los empeños no dieron los resultados esperados: el cristinismo cayó en su provincia. Esto podría no ser definitivo, por supuesto, pero colocó a todo el peronismo en la cornisa. Un tercio de los votos emitidos en total para el peronismo: coincide con el tercio que se le atribuye a Cristina ¿Será casual?

Manzur no pertenezca ni a Cristina ni a Fernández: es la representación de los gobernadores del interior en el puesto máximo de un gabinete que hasta las PASO era porto-bonaerense. Implica la posibilidad de introducir otra lógica en la gestión nacional, con una mirada más integradora, indispensable para comenzar a atenuar la incertidumbre política que impide a la Argentina afianzarse como destino de inversiones y financiamiento internacional
El tucumano encarna el Eje Norte, que tiende a emparejar cargas en la Nación macrocefálica y trascender el federalismo retórico.

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