EDITORIAL

Nuevos nombres, el mismo desafío

martes, 21 de septiembre de 2021 · 01:07

Pocos días antes del cimbronazo oficialista por la derrota en la PASO y de los posteriores cambios en el Gabinete, el desplazado ministro de Educación Nicolás Trotta había puesto en marcha un programa denominado “Acompañar: Puentes de igualdad”, cuyo objetivo principal era asegurar la permanencia de los alumnos en las aulas. Es decir, reconectarlos. 

El programa se instrumentó a partir de un relevamiento sobre el impacto de la pandemia en la educación cuyas conclusiones no sorprendieron en absoluto. En Argentina hay 1.870.000 alumnos de todos los niveles, aunque en su mayoría son del secundario, con dificultades de distinto grado con la interrupción de sus trayectorias educativas como consecuencia del aislamiento, la educación remota y el cierre de las escuelas.

Más de un millón de esos estudiantes asisten a establecimientos estatales, y dentro de ese universo existen unos 450.000 que tienen “bajo o nulo vínculo” con la escuela desde diciembre pasado. 

La meta más difícil es lograr que los chicos que interrumpieron su escolaridad vuelvan a las aulas. Algo que, según había afirmado Trotta en ocasión de presentar el programa, requiere de un trabajo de manera individual, en un recorrido “puerta a puerta”. Para eso, el Estado nacional invirtió más de 2.000 millones de pesos, que empezaron a ser distribuidos entre las 24 jurisdicciones.

Como la pandemia profundizó las desigualdades previas y también puso en riesgo la situación de miles de chicos, ninguno de los problemas son de simple resolución. Por ello se elaboró un plan de acción integral basado en cuatro líneas: el acompañamiento a las trayectorias educativas, la revinculación escolar, la permanencia en la escolaridad de los niveles obligatorios y el egreso del nivel cursado.

En la segunda etapa del “Acompañar” participan más de 10.900 docentes, maestros comunitarios, docentes interculturales bilingües, articuladores sociocomunitarios, talleristas, coordinadores de mesas locales, promotores socioeducativos, asistentes técnicos-pedagógicos territoriales y tutores institucionales en más de 16.000 escuelas y más de 2.500 sedes de organizaciones de la sociedad civil, para acompañar a esos 1.870.000 chicos.
Del total de estudiantes que participan del programa, el 54% pertenece al nivel secundario, es decir, 1.014.414. El 40% (751.446) está en el primario, y el 6% pertenece al nivel inicial, lo que significan unos 104.746 chicos.

Es de esperar que el nuevo ministro de Educación, Jaime Perczyk, mantenga el programa, o lo reformule según su criterio, pero que no pierda de vista el problema de fondo: la necesidad de atenuar el perjuicio enorme que la pandemia produjo en la educación argentina. 

Al menos ayer, antes de asumir, Perczyk dio a entender que el desafío central sigue en pie. “Hay una perspectiva que es para adelante, de ir a buscarlos uno por uno” a esos alumnos, afirmó, y llamó a “recuperar la presencialidad y la normalidad creciente” en las escuelas.

Una de las condiciones que restaba cumplir para avanzar con la presencialidad plena era la vacunación a los menores de 17 años. La revista científica británica The Lancet informó que la vacuna Pfizer fue aprobada para chicos de 6 a 12 años. Argentina recibió ya un primer lote de vacunas de ese laboratorio para aplicar a esa franja de la población. Solo falta que la Anmat dé su aprobación definitiva. 
En suma, es hora de que la Nación y las provincias agilicen el pronto retorno a las aulas antes de que los alumnos pierdan otro año de estudio.

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