CARA Y CRUZ

Desequilibrios peligrosos

martes, 21 de septiembre de 2021 · 01:10

El impacto anímico general de la peste, acentuado en la Argentina por la desmesurada extensión que tuvieron las restricciones sanitarias, alcanza en algunos casos grados de peligrosidad inquietantes. 
Fabiana Belmonte, miembro del Gabinete Psicológico de la Policía de la Provincia, advirtió sobre la repercusión a nivel local de un fenómeno sobre que habían señalado organismos nacionales e internacionales: los desequilibrios emocionales provocados en integrantes de las fuerzas de seguridad debido a la presión adicional que impuso la pandemia a labores de por si intensas. Alarmante, si se considera que el de la violencia policial era un problema que venía siendo marcado en Catamarca desde bastante antes de la irrupción del COVID-19. 
El Gabinete Psicológico policial lo constató específicamente con el incremento de los casos de violencia intrafamiliar y de género. 


Que el problema sea asumido no deja de ser una buena noticia: no es habitual que la Policía se haga cargo de este tipo de situaciones, más bien prefiere mantenerlas en reserva. Belmonte, sin embargo, lo blanquea y visibiliza, lo que facilita un debate público necesario por las proyecciones que tiene hacia la sociedad el hecho de que sujetos armados y con autoridad se desenfrenen. Un solo estallido puede tener consecuencias gravísimas.

La profesional recordó en diálogo con El Ancasti que el personal policial "estuvo en la primera línea desde que iniciaron los contagios de COVID-19, con las incertidumbres y el temor de muerte que suponía enfermarse, porque nadie tenía información. Estas situaciones generaron estrés, sumado a que estuvieron recargados durante mucho tiempo, sin posibilidad de tomar licencia y ver a sus familias".

En el Gabinete, dijo, “pudimos ver que el estrés y las mismas situaciones de trabajo incrementaron los roces que ya había en las parejas. Y lo podemos contabilizar por la cantidad de expedientes de casos de violencia de género, que son muchos más que los de violencia intrafamiliar". 
Remarcó que, si bien los factores que inciden son muchos más, lo notable es que "se exacerbaron con la pandemia y el contexto que se generó". 


Por el aumento de los incidentes de violencia de género protagonizados por sus efectivos, la Policía empezó a trabajar desde el año pasado con el área de Derechos Humanos “para armar los lineamientos de intervención”. “Esto no solamente es evaluar al policía para ver si está en condiciones de cumplir su función. Es para prevenir que esos sucesos no se vuelvan a repetir, ver si hay niños en riesgo y dar intervención a otras instituciones, porque la problemática trasciende al Gabinete", dijo Belmonte. 
Urge avanzar en políticas para revertir el deterioro. 
Entre las actividades formativas que se suspendieron por la pandemia está la capacitación para intervenir en situaciones de crisis, admitió la psicóloga.


Los episodios de brutalidad policial en pandemia se eslabonaron con numerosos casos anteriores. El tema cobra mayor dimensión crítica en contraste con la defección judicial, que reflotó por la polémica reincorporación de policías con causas de años todavía pendientes de resolución.
“Aunque las denuncias por apremios ilegales perpetrados por efectivos policiales en Catamarca son recurrentes, muy pocas de ellas son investigadas a fondo. Un porcentaje mínimo termina con la imputación de los presuntos victimarios y son contadas con los dedos de una mano las que llegan a juicio. Investigar a la policía es un desafío que la Justicia no acomete eficazmente, no importa la abundancia de pruebas que se acumulen en los expedientes”, consignó el editorial de este diario del 15 de septiembre, luego de la reactualización de dos casos emblemáticos: el del asesinato de Diego Pachao, que va a cumplir una década impune, elevado a juicio por tercera vez, y el de la salvaje golpiza a Ricardo Paucará, con seis en veremos.

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