CARA Y CRUZ

Síntesis de la tragedia

sábado, 18 de septiembre de 2021 · 01:10

Diego Kravetz es jefe de gabinete y secretario de Seguridad del intendente de Lanús, Néstor Grindetti. Como tantos, proviene del peronismo, pero forma en Juntos por el Cambio. En “Odisea Argentina”, el programa de Carlos Pagni, cuenta que el día de las PASO, en Villa Chingolo, una mujer se le acercó para pedirle ayuda para su hija, por un problema de drogas. Kravetz le pregunta si la chica consume.
- No –responde la mujer-, vende. Necesito que le des un trabajo para sacarla.
- ¿Cuánto gana por mes?
- 100 lucas.
Kravetz, que para esa madre desesperada es el Estado, no tiene qué ofrecerle como alternativa al ingreso mensual que suministra el narco a su hija. Un trabajo en blanco, como mucho, de $40.000. Estado impotente, exclusión disparada, la acechanza del narcotráfico.
La anécdota condensa la Argentina estragada en su epicentro demográfico, la provincia de Buenos Aires. 

Sobre el filo del cierre de esta columna, el presidente Alberto Fernández anunció el nuevo gabinete, que tendrá como jefe al gobernador tucumano Juan Manzur. Santiago Cafiero será canciller, en lugar de Felipe Solá. La inestabilidad nitroglicerínica de la semana impide asegurar que sea el final de la crisis disparada por las renuncias en masa del cristinismo, pero parece. Manzur acaba de derrotar a su vice en las PASO y comanda el distrito más voluminoso de los seis que el Frente de Todos consiguió salvar de la debacle.
Cafiero es desplazado, como la vicepresidenta Cristina Kirchner quería, pero no lo suplanta un cristinista. Wado de Pedro, no obstante, quedará en el Ministerio del Interior.
Los resultados de Buenos Aires, como se señaló ya en este espacio, impactaron en la línea de flotación del cristinismo y su brazo político, La Cámpora del delfín, Máximo Kirchner. Cristina forzó una negociación, es cierto, pero la balanza de poder de la alianza se refleja en un gabinete más equilibrado.


La pulseada posprimarias se desplegó bajo la mirada atónita de una sociedad que constataba la alienación de sus gobernantes. Esa alienación les impidió registrar la profundidad de la degradación social experimentada en una década sin crecimiento económico, acelerada en el último tramo de Macri y agravada aún más en la pandemia por el impacto de la cuarentena eterna. 
Tal declinación incluyó legiones que cayeron de la clase media: el universo de la pobreza estructural también mutó, no es el mismo que controlaba, en provincia de Buenos Aires, el aparato de La Cámpora.
La agrupación cristinista entró en colisión con los movimientos sociales antes de las urnas. Una guerra sorda por el manejo de los programas sociales que tuvo su episodio más resonante en un durísimo cruce entre el periodista Horacio Verbitsky, vaca sagrada k, y el dirigente Juan Grabois.
En esa pelea, Fernández entregó la cabeza de su ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, que fue reemplazado por el intendente de Juan Horacio Zabaleta, intendente de Hurlingham. Pero mantuvo como secretario de Relaciones Parlamentarias, Institucionales y con la Sociedad Civil de la Jefatura de Gabinete a Fernando “Chino” Navarro, líder del Movimiento Evita.


Habrá que ver qué pasa ahora que entra Manzur, pero el control del asistencialismo se ha transformado en el eje ordenador de la política. 
Con el tucumano de coordinador, la Casa Rosada se relanza para tratar de revertir la paliza del domingo pasado, quedará para la historia como el día que el peronismo, unido, apenas superó el 30% de los votos.  Su desempeño electoral el 14 de noviembre trazará las coordenadas hacia 2023 y las relaciones de fuerza para la misión más dura: empezar a revertir la tragedia que resumió la anécdota de Diego Kravetz. 

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