CARA Y CRUZ

La derrota ultracristinista

martes, 14 de septiembre de 2021 · 01:10

Una certeza se filtra entre las conjeturas desenfrenadas por el resultado de las primarias: la derrota del Frente de Todos impacta en la línea de flotación del ultracristinismo, que capturó al presidente Alberto Fernández después de encumbrarlo para convertirlo en gerente de sus pretensiones facciosas. 

Es la derrota de Cristina, su hijo y delfín Máximo, y el brazo político de ambos, La Cámpora; un tsunami del que solo pudieron salvarse los caciques territoriales peronistas del NOA, Formosa y San Juan. 
Es la derrota, también, de una radicalización ideológica que reveló la falacia de la candidatura presidencial de Fernández. Cristina lo consagró para penetrar en el electorado refractario a su figura, pero ese movimiento estratégico, central para concentrar el voto antimacrista y prevalecer en 2019, no tuvo continuidad en la gestión. 

Comandado por el cristinismo, el peronismo resignó el atributo que le permitió sostenerse como punto de referencia de la política nacional y sobrevivir a las crisis que experimentaron sus antagonistas: la ductilidad para adaptarse a los movimientos de la sociedad y apoderarse de su representación. 

 

Alberto Fernández confesó su insignificancia como líder en el cierre de campaña al garantizar que no traicionaría a Cristina, Máximo, Axel Kicillof y Sergio Massa. Como Presidente, debía ser intérprete de la demanda social, no de las pretensiones del ultracristinismo y el presidente de la Cámara de Diputados, pero su promesa de lealtad incondicional suponía un ruego: Victoria Tolosa Paz y Leandro Santoro, los cabezas de lista en provincia de Buenos Aires y la CABA, eran suyos. El pacto de las impotencias quedaba claro.

Por peso demográfico, los resultados bonaerenses son los más determinantes, pero el dato es que el peronismo obtuvo en el medio término poco más del 30% de los votos. Es una fuga sin precedentes porque concurrió unido. En otras derrotas, el voto podía partirse en diferentes opciones, pero la sumatoria jamás perforó el 40% y, por lo general, superó el 50. Para no irse tan lejos, piénsese en Massa, que jugó aparte de Daniel Scioli en 2015.
¿A dónde fueron los votos? La Buenos Aires gobernada por Kicillof es un ejemplo del fenómeno. El desempeño de Florencio Randazzo fue insignificante. La debacle no puede atribuirse a su eventual “traición”: es consecuencia de la conducción ultracristinista y su encapsulamiento.

Quedan en pie como referencia de poder los gobernadores. Incluso los que no pudieron sustraer a sus distritos de la remontada de Juntos por el Cambio, que todavía tiene bastante que andar para afianzarse, pero particularmente los que sí lo consiguieron, que están concentrados geográficamente en el NOA. 
Cada distrito tiene sus peculiaridades y sus tensiones intestinas, pero los resultados son inobjetable indicio de liderazgo territorial. Raúl Jalil y el trípode que conforman con Lucía Corpacci y Gustavo Saadi en Catamarca; Julio Manzur, que batió en la interna a su vice Osvaldo Jaldo; Ricardo Quintela en La Rioja; Gerardo Zamora en Santiago del Estero. 
Los triunfos en estas cuatro provincias fueron arrasadores, con picos de diferencias de 20 puntos en Catamarca y La Rioja, y de 40 en Santiago. 

Los mandatarios integran la Liga del Norte Grande que se ofreció como sostén político para que Fernández ganara autonomía respecto de Cristina y la aplastante gravitación del padrón bonarense. Porteño al fin, el Presidente subordinó la construcción de un poder federal a las prioridades y la agenda de su madrina. Así le fue, ahora sufre la acechanza del vacío. 

Mirador Político del domingo funesto: “La Argentina está en un tembladeral y la política espera que las urnas le tiren cabos para agarrarse y restaurar el sistema de poder. Recuperar la chance de articulación de un proyecto federal es indispensable para aventar la incertidumbre que condena al país: la reapertura del financiamiento y la inversión requieren horizontes ciertos. Fernández no ofrece ya garantías en tal sentido, es imperioso encontrar una fórmula que suplante su implosión”.
Los gobernadores son algo sólido de qué agarrarse.

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