Lo bueno, lo malo y lo feo

¿El Mercosur en la encrucijada?

Juan C. Sánchez Arnau. DIPLOMÁTICO Y ECONOMISTA. DIRECTOR DEPTO. DE ECONOMÍA DE LA FUNDACIÓN ENCUENTRO.
martes, 14 de septiembre de 2021 · 01:05

No es ninguna novedad que Uruguay esté interesado en que el Mercosur salga de su estancamiento institucional y pueda alcanzar acuerdos de libre comercio con otros países o, en su defecto, autorice a sus miembros a hacerlo. Ya en tiempos del primer gobierno del presidente Tabaré Vázquez, su entonces ministro de Agricultura y más tarde presidente, José Mujica, abogaron en favor de esa posibilidad. Más recientemente, en 2016 el presidente Vázquez viajó a Pekín y se reunió con el presidente Xi Ping. En la ocasión se acordaron ciertos “términos de referencia” de temas a discutir. Más concretamente sobre obstáculos técnicos, facilitación del comercio, protocolos sanitarios y fitosanitarios, propiedad intelectual y solución de controversias. La mayoría de estos temas son de carácter bilateral y alcanzar acuerdos sobre ellos no implicaría de ningún modo apartarse de las reglas del Mercosur. Uruguay está especialmente interesado en lograr mejores condiciones de acceso para las carnes, lácteos, cítricos y vinos. Todos productos que tienen derechos de aduana que oscilan entre el 15 y el 20% en China. El problema comienza si, para alcanzar dichos acuerdos, Uruguay tuviera que hacer concesiones que afectaran la Tarifa Externa Común del Mercosur u otras reglas comunes (las reglas de origen, en particular sobre las que Uruguay prefiere una interpretación más laxa que sus socios). 
Con posterioridad a aquella visita siguieron las conversaciones bilaterales y ahora China ha hecho llegar a Uruguay una propuesta que, según las autoridades uruguayas “requiere un estudio de prefactibilidad” para determinar ventajas e inconvenientes, que incluyen, por supuesto la relación de Uruguay con sus vecinos y el Mercosur. En Montevideo, la posibilidad de avanzar en esta dirección ha contado con amplio apoyo. Solo el senador Manini Ríos, que encabeza el grupo “Cabildo Abierto”, ha expresado ciertas reticencias, mientras que el expresidente Mujica ha salido a recordar que a Chile le llevó seis años llegar a un TLC con China. 

En Brasil, en cambio, rápidamente se han escuchado voces oficiales de apoyo a la iniciativa uruguaya, coincidentemente con el interés del gobierno de Jair Bolsonaro de avanzar en el camino de la apertura del Mercosur. 
En Argentina, por su parte el ministro de la Producción, Matías Kulfas, se apresuró a poner a nuestros vecinos entre la espada y la pared: “Uruguay puede hacer un acuerdo bilateral con China o puede seguir en el Mercosur”. ¿Ya descartó que a la Argentina pueda interesarle negociar un acuerdo semejante, quizás junto con sus socios del Mercosur?, ¿por qué tanta prisa por “apretar” a un vecino que con justas razones hace casi veinte años que viene pidiendo una apertura de la que quizás podríamos ser los primeros beneficiados?

El Mercosur no está en la encrucijada, pero sí está en una situación muy difícil: se ha agotado como factor de promoción del crecimiento de los países miembros y es un obstáculo para la expansión de su comercio. Si nos limitamos al solo tema comercial, el Mercosur ha sido un mal negocio para Argentina, y mucho peor para Uruguay y quizás también para Paraguay. Contrariamente a lo que se pensaba en la época de su creación, no contribuyó a la expansión del comercio de todos sus miembros, sino que amplió el mercado de Brasil y “fijó las ventajas competitivas” de su industria respecto de los demás integrantes. Las cifras son evidentes: la tasa de crecimiento del comercio intra-Mercosur a largo plazo es menor a la tasa de comercio extrazona de sus miembros. Y, más importante para nosotros, en el comercio bilateral Argentina-Brasil si bien la balanza total es más o menos equilibrada ello se debe a un gran déficit en el comercio de productos manufacturados a favor de Brasil, apenas equilibrado por nuestras exportaciones de productos alimenticios y combustibles. Productos estos últimos para los que no precisamos del Mercosur (salvo algunos casos donde la preferencia nos ha dado una ventaja, entre ellos el trigo). 
El proyecto de acuerdo con la Unión Europea, que el expresidente Mauricio Macri creía que contribuiría a bajar paulatinamente la protección de algunos sectores industriales argentinos, difícilmente llegará a ver la luz del día: no le conviene a los industriales brasileros ni a los argentinos, que prefieren mantener la desproporcionada protección que les otorga la TEC y mucho menos interesa a los sectores proteccionistas de la agricultura europea

Con las actuales políticas comerciales argentinas, que se limitan a poner todos los límites posibles a las importaciones para que no se agoten las divisas, para nuestro país poco cambia que el Mercosur siga así o no. Pero debemos mirarlo con ojos de futuro. Y como parte de un contexto más amplio como son nuestras relaciones con cada uno de nuestros vecinos (Chile incluido, que es en parte nuestra puerta al Pacífico y a Oriente) 

Después de determinar qué queremos de esas relaciones podremos comenzar a pensar en el Mercosur. Esta reflexión debe ir acompañada de lo que será el futuro de nuestra inserción en la economía mundial y la consecuente política comercial. La actual es una regresión hacia normas y visiones previas a la “Globalización”. 

Los Acuerdos de Marrakesh, que están vigentes y de los que somos parte, han sido alterados por el surgimiento del conflicto entre China y Estados Unidos y por los cambios que está introduciendo en el comercio mundial la expansión de las tecnologías de la era post-digital. Debemos considerar todos estos elementos antes de definir una política futura frente al Mercosur. 
Hay, sin embargo, un elemento que es importante y que tendremos que incorporar en nuestra futura visión de la relación con el Mercosur: puede ser el ámbito ideal para forjar posiciones comunes en el marco de la confrontación China-Estados Unidos, teniendo siempre en claro que todo acuerdo con Brasil tiene sus límites en aquel punto donde sus intereses específicos comienzan a divergir con los nuestros.

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