el mirador político

Una restauración impostergable

domingo, 12 de septiembre de 2021 · 01:05

La banalidad que caracterizó a la campaña y la exacerbación de la grieta en el último tramo, con Cristina Kirchner y Mauricio Macri inculpándose mutuamente, es indicio del desconcierto y su derivado: el miedo.

La política argentina se resiste a asumir un fracaso colectivo de dimensiones catastróficas.

Fue incapaz de revertir los efectos del estallido del sistema de Convertibilidad en 2001, que estratificó la pobreza en un tercio de la población. En lugar de eso, administró en dosis homeopáticas un desplome cuya envergadura quedó al descubierto con la pandemia.

El trabajo y la producción han sido reemplazados como ejes ordenadores de la sociedad por el asistencialismo, que demanda desembolsos crecientes de un Estado en quiebra.

El país que vota hoy ha experimentado en diez años una mutación dramática. Es otro país y el sistema político, enajenado, no lo refleja. El último intento de adaptarse a esta transformación fue la Presidencia de Alberto Fernández, experimento de Cristina Kirchner que la realidad, resistente a los diseños ideológicos, impiadosa y empecinada, frustró.

La inquietud de la clase política obedece a la conciencia de que ha quedado sin margen para nuevas mascaradas. Es impostergable digerir el resultado de su gestión y sabe que el costo será altísimo.

El precedente más próximo es el interinato de Eduardo Duhalde, que debió proceder a una devaluación del 400% al hacerse cargo del desastre posconvertibilidad, no pudo cumplir con la promesa de devolver sus ahorros íntegros a la sociedad y pagó el trámite con su jubilación.

La bonanza que le tocó a Néstor Kirchner permitió el desendeudamiento, pero no se aplicó a restaurar el aparato productivo devastado. Cuando la caja empezó a secarse, se reestatizaron los fondos previsionales y se usaron para financiar un sector público desbocado.

Macri aceleró un colapso que venía en desarrollo.

La Argentina lleva una década estancada. En ese período se destruyó el 5% del empleo privado asalariado; solo se creó, o no se destruyó, empleo público o informal.

El 50% del empleo es informal. Es decir: no contribuye al sistema de seguridad social con el que se solventa el auxilio a los expulsados, que por consiguiente se desfinancia sin pausa. Este problema estructural se agravó con la peste y la cuarentena eterna, que impuso gastos adicionales para atenuar el efecto del parate en el sector privado.

La pobreza llega al 44%, con picos del 51% en el Conurbano bonaerense. De ese 51%, el 63% tiene menos de 14 años.

La Argentina es uno de los pocos países del mundo que tienen más pobres que hace un cuarto de siglo. Produce pobres: los que nacen en esa franja y los desclasados de la clase media pauperizada.

Fragmentación

Alberto Fernández admira y cita seguido a Raúl Alfonsín, de quien fue funcionario. La experiencia presidencial ha de arrimarlo aún más a la condición de epígono del radical.

Alfonsín insistía con el término cuando el poder comenzó a escurrírsele, tanto para justificarse como para advertir de las consecuencias que podía acarrear el proceso que protagonizaba: balcanización era más sofisticado que fragmentación, pero el fenómeno es el mismo.

Los comicios de hoy, prolegómeno de noviembre, arrojarán las primeras coordenadas para tratar de restaurar un sistema político en crisis de representación. Escaldadas por sus yerros de 2019, las encuestadoras no se atreven a pronosticar resultados. El electorado es reticente a anticipar su opinión. Lo único consistente es la decepción generalizada, un rechazo transversal a la política tradicional y la prosperidad de opciones excéntricas como la que acaudilla Javier Milei.

Hay unos diez millones de electores menores de 30 años. Diez millones de personas cuya experiencia biológica cívica coincide con la última etapa del derrumbe, hegemonizada por la dicotomía kirchnerismo/antikirchnerismo, o macrismo/antimacrismo. ¿Cómo votarán? Misterio.

La preocupación incumbe sobre todo al área metropolitana -Ciudad de Buenos Aires y Conurbano bonaerense- que concentra el 45% del padrón nacional. Casi equivale a decir que solo preocupa a los dos extremos de la fractura, desbordados por derecha e izquierda para contener el arco social. En el resto del país, la mayoría de los gobernadores reiteran la actitud que tomaron ya en 2019, cuando desacoplaron sus elecciones provinciales de la nacional para blindarse a las turbulencias de un escenario incierto. O sea: validación de los capitales distritales para estar firmes ante las eventualidades de la crisis.

Fernández tampoco pudo con esa fragmentación. Renunció a edificar un poder propio que le permitiera equilibrar cargas en la alianza con Cristina Kirchner y Sergio Massa, y terminó, porteño al fin, entregado al eje del AMBA y su descomunal peso demográfico.

A poco de asumir, el tucumano Juan Manzur dijo que era, como presidente, el nuevo jefe del peronismo. Luego se conformó la Liga de Gobernadores del Norte Grande. Los diez mandatarios de la región, con una agenda común, dispuestos a enfilarse para que él se afirmara, compensara las asimetrías demográficas y atenuara sus condicionamientos políticos.

El Presidente desistió de la posibilidad de robustecerse y se rindió al cacicazgo de su vicepresidenta.

La Casa Rosada gobierna para el AMBA, donde se manifiesta la mayor tensión del país degradado: el enfrentamiento por el control de los programas sociales entre la burocracia política kirchnerista, que vuelve a acercarse a la CGT, con los líderes de las organizaciones sociales. Que esa sea la pelea central es la admisión del fracaso.

El acantonamiento distrital es notable también en la oposición. Los radicales juegan con candidatos propios en las PASO contra el PRO, para reconfigurar el paquete accionario de Juntos por el Cambio o, con ese capital y conforme al desarrollo de los acontecimientos, alumbrar otro Gualeguaychú para decidir qué hacen con su estructura nacional.

El tembladeral

La Argentina está en un tembladeral y la política espera que las urnas le tiren cabos para agarrarse y restaurar el sistema de poder.

Entiéndase bien: el sistema de poder incluye a opositores y organizaciones civiles. El fracaso es colectivo, su reversión también debería serlo, independientemente de las diferencias lógicas y saludables entre los diferentes sectores.

Recuperar la chance de articulación de un proyecto federal es indispensable para aventar la incertidumbre que condena al país: la reapertura del financiamiento y la inversión requieren horizontes ciertos. Fernández no ofrece ya garantías en tal sentido, es imperioso encontrar una fórmula que suplante su implosión.

El peso electoral del Conurbano convierte a sus jefes en representantes del feudo más gravitante del país feudalizado, balcanizado en jerga alfonsinista. Eso marca la incidencia que esperan tener en la readecuación del esquema luego de las elecciones.

En ese contexto, tal vez, tendrían que interpretarse la disidencia del gobernador de Santiago del Estero Gerardo Zamora, quien cuestionó a Fernández. Advirtió sobre el suicidio que implica no terminar con el cronificado déficit fiscal e incurrió, radical ultrakirchnerista sobreviviente de la transversalidad de Néstor, en el anatema: ajuste.

"El país necesita un ajuste, no hay país que pueda funcionar bien con déficit fiscal, porque el déficit fiscal te lleva los recursos; al déficit podés cubrirlo con emisión y vas a tener inflación y más déficit fiscal", dijo el hereje.

¿Zamora expresa una posición individual o anticipa un movimiento regional de mayor alcance? La mayor parte del déficit se debe a los subsidios que el Tesoro nacional destina al AMBA, por servicios y asistencia a la exclusión. El financiamiento al desarrollo del interior se restringe por la orientación de tal circuito, que a Fernández se le vuelve imposible modificar porque debe sostener el proyecto del kirchnerismo y la estabilidad del gobernador Axel Kicillof.

Quizás el mensaje de Zamora, que jugará su reelección en noviembre, no es para Fernández, sino para el ultrakirchnerismo bonaerense, ya anticipando lo que se viene: ojo que acá en el norte también tenemos nuestras aspiraciones.

El país es más que el AMBA y la Pampa Húmeda.

Otras Noticias