EDITORIAL

Una historia aleccionadora pero excepcional

sábado, 11 de septiembre de 2021 · 01:05

La historia de Mario Maximiliano Sánchez, de 17 años, es aleccionadora. Se trata de un alumno secundario que pertenece a una comunidad wichi de la localidad de General Mosconi y que desarrolló una aplicación que traduce del español al wichi y viceversa. La aplicación, además, puede funcionar sin la necesidad de disponer de conexión a Internet.

Por su trabajo, Mario es uno de los dos estudiantes argentinos nominados al Global Student Prize 2021, un concurso internacional que premia el desempeño de los estudiantes. El otro es Lisandro Acuña, alumno del colegio ORT de Buenos Aires, una institución privada de reconocida trayectoria en la educación de primer nivel en la Argentina.

El joven tiene como objetivo central combatir la deserción escolar de la comunidad a la que pertenece. Y la aplicación que desarrolló tiene, precisamente, ese atributo inclusivo. Su postulación al premio internacional no es el único logro que alcanzó: ganó la medalla de oro en las “Olimpíadas de Canguros Matemáticos” y obtuvo el premio en el Concurso Provincial de Literatura, lo que pone de manifiesto su versatilidad en el campo de la educación.

El mérito del joven wichi cobra especial significación por el contexto social. Las comunidades originarias sufren en la Argentina varios tipos de marginación: económica, social y también educativa. Los niños y adolescentes de esas comunidades padecen serias dificultades no solo para destacarse en su educación formal, sino incluso para tener el desarrollo completo en los niveles primario y secundario y, en los casos más extremos, hasta para lograr su alfabetización.

Las condiciones adversas en las que nació y creció Mario suponen que posee una gran capacidad innata pero además que ha debido esforzarse notablemente para alcanzar el logro por el que fue postulado para un premio de la envergadura del Global Student Prize. Talento y esfuerzo que deben valorarse y por qué no distinguirse, pero que resultan sin duda excepcionales. En un contexto tan desfavorable no deben, ni el Estado ni la sociedad, esperar la repetición de este tipo de casos si no hay una transformación que haga posible que todos los ciudadanos argentinos tengan acceso a educación de calidad. Mientras se mantenga como un mal estructural la desigualdad en ese acceso, es decir, mientras haya niños y jóvenes que encuentren formidables restricciones para cursar sus estudios regularmente, casos como el del joven wichi serán excepcionales, casi irrepetibles.

Debe el Estado, en todos sus niveles, generar las condiciones necesarias para propiciar la igualdad de oportunidades en todos los aspectos de la vida social, incluida la educación. Garantizar la equidad es, además de un mandato ético irrenunciable para todos los gobiernos, la única alternativa para que se multipliquen en las aulas de toda la Argentina los ejemplos virtuosos y dignos de imitar, generadores de conocimiento y de genuinos impulsos solidarios.

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