cara y cruz

La rebelión zamorista

viernes, 10 de septiembre de 2021 · 01:03

Las objeciones del gobernador santiagueño Gerardo Zamora a la política del presidente Alberto Fernández cobran mayor relieve en un país donde la incidencia política de la macrocefalia centralista alcanza su paroxismo.

Zamora es un sobreviviente de los “radicales k” que Néstor Kirchner incorporó al experimento de la transversalidad –era intendente de Santiago del Estero por entonces-, frustrado en tiempos de Cristina por la deserción del mendocino Julio Cobos, su vicepresidente, en la batalla contra el campo. Esta larga devoción kirchnerista es menos importante para aquilatar el sentido de su rebelión que la pertenencia a la liga de gobernadores del Norte Grande que se ofreció a Fernández como plataforma para una construcción que le permitiera balancear el poder de Cristina, asentado en el Conurbano bonaerense: 10 mandatarios dispuestos a enfilarse con el propósito de atenuar las asimetrías demográficas que condicionan el desarrollo del interior.

El incipiente “albertismo” se quedó sin Alberto cuando el Presidente, que alardea federalismo, defeccionó para entregarse a la agenda kirchnerista y continuar con las líneas de gestión que privilegian el área metropolitana –Ciudad de Buenos Aires y Conurbano- sobre el interior. Ejemplos de esto son las tarifas de los servicios. El interior llega a pagar tarifas de energía hasta siete veces superiores a las de AMBA; los gobiernos provinciales deben pagar los subsidios al transporte público que la Casa Rosada redujo por abonar a esa región.

Lógica electoral estricta. AMBA concentra el 40% del padrón nacional y el Conurbano es la base territorial del cristinismo. 
Zamora, además, jugará su reelección el 14 de noviembre, en coincidencia con las legislativas nacionales. Es probable que las predilecciones geográficas del presidente Fernández no sean bien vistas por una parte del electorado santiagueño. Otro ángulo de análisis se abre desde otro interrogante: ¿Zamora expresa una posición individual o es punta de lanza de un movimiento de mayor alcance?

Los medios nacionales concentran su atención en los litigios de AMBA; eventualmente se cuela algún análisis de distritos como Córdoba o Santa Fe, que tienen volúmenes electorales que podrían ser desequilibrantes. Una mirada más federal muestra a los líderes provinciales, oficialistas u opositores, atrincherados en sus distritos con el objetivo de acumular para una etapa poselectoral signada por la incertidumbre y la implosión de la gravitación presidencial, que implica la desaparición de un factor capaz de articular los intereses y aspiraciones de las distintas regiones que componen la Argentina. 

Todos coinciden en que es indispensable restaurar un sistema de poder y las coordenadas para avanzar en tal sentido surgirán de estas elecciones, que validarán y proyectarán dirigentes y sectores.

Si se asume esta perspectiva, la disidencia de Zamora podría ser emergente de una coalición regional para que el norte, o el NOA, emparde cargas con el AMBA hegemonizado por el macrismo y el kirchnerismo en ese proceso de reconstrucción. Ojo que acá somos ñatos pero también nos gusta oler, vendría a decir el santiagueño.

No es casual lo que eligiera cuestionarle a Fernández  el déficit fiscal, sin trepidar ante el anatema de sugerir un ajuste.
"El país necesita un ajuste, no hay país que pueda funcionar bien con déficit fiscal porque el déficit fiscal te lleva los recursos; al déficit podés cubrirlo con emisión y vas a tener inflación y más déficit fiscal", dijo.

"Nadie se anima a decir que hay que ajustar las cuentas fiscales, pero yo considero eso, sino no tenemos futuro. Es mi opinión, es lo que hacemos acá, fue lo que hice cuando fui intendente, lo que hace cualquier economía familiar o empresarial: gastar en las posibilidades de lo que se ingresa. Hay que acomodar las cuentas fiscales y eso se hace bajando gastos o subiendo impuestos. Subir impuestos es una locura, entonces hay que bajar el gasto público. Son decisiones económicas importantes que hay que tomar y no es gratis, no es fácil. Decirlo es fácil, pero hacerlo en un país como la Argentina, es complicado", concluyó.

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