editorial

Esperando las PASO del domingo

viernes, 10 de septiembre de 2021 · 01:00

Salvo que el electorado marque alguna tendencia muy marcada –e inesperada, según lo que los analistas políticos vienen pronosticando con trazo grueso- , será sumamente difícil el domingo, cuando el escrutinio empiece a revelar el sentido del voto de los argentinos en las PASO, establecer un ganador general de la elección. Habrá, sin dudas, ganadores individuales y sectoriales, en particular los que compiten en las Primarias con listas del mismo espacio político, pero en el análisis más global será complejo hacer una lectura respecto del resultado nacional.

En principio hay que recordar que las PASO solo definen candidaturas, y aunque son una encuesta gigantesca pensando en las elecciones de noviembre, no determinarán la ocupación de cargos legislativos ni a nivel nacional, ni en las provincias, ni en los municipios. Eso se definirá dos meses más tarde.

La fuerza que saque más votos en el conteo nacional, aunque los comicios son distritales –es decir, se eligen senadores nacionales y diputados provinciales por provincia- podrá exhibir ese dato para presuponer una supremacía. Pero no hay garantía alguna de que la sumatoria de votos de los candidatos que compiten entre sí sea trasladable a la elección general.

Otra interpretación, igualmente válida, se basa en proyecciones que puedan hacerse respecto de, si los resultados de las PASO se repitiesen en noviembre, cuántos legisladores nacionales incorporará al Congreso cada fuerza política y cuántos se irán porque se les cumple el mandato que comenzó en 2017. Si el resultado es positivo –es decir, los que ingresan son más que los que dejan la banca- podrá festejarse como un triunfo. Si es el revés –los que se van son más que los que ingresan-, la lectura del resultado será negativa.

Pero más allá de las lecturas e interpretaciones que puedan hacerse, lo cierto es que las instancias electorales son oportunidades para el ejercicio de la democracia. No la única, pero tal vez la más importante en términos de impacto del acto de elegir en la conformación del escenario político futuro de los dos próximos años. Las PASO fueron concebidas para que los partidos diriman sus disputas internas en un marco institucional global, evitando maniobras habitualmente pergeñadas por los oficialismos partidarios en contra de las listas opositoras. Y también como filtro para evitar que en las elecciones generales haya una multitud de candidatos.

Estudios realizados a nivel nacional revelan que prima la apatía. Hay en la ciudadanía una sensación de frustración por la situación económica reinante y por el mal funcionamiento de las instituciones de la República y se adjudican responsabilidades a buena parte de la dirigencia política. El Ancasti realizó un sondeo en su edición digital y casi el 80% de los que participan aseguran sentir indiferencia respecto del acto electoral del domingo.

La sensación es comprensible, pero es importante comprender que los fracasos y frustraciones corresponden a déficit de la dirigencia y no de la Democracia como sistema. La emisión del voto y otras instancias participativas de la ciudadanía contribuyen al fortalecimiento de las instituciones. La apatía o la indiferencia, en cambio, la debilitan.

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