CARA Y CRUZ

Contribuciones a la úlcera

viernes, 9 de julio de 2021 · 01:03

Como manifestaciones grandes, medianas o pequeñas, obras por reparaciones de calles o instalación de servicios y estacionamientos de particulares y proveedores en lugares prohibidos no parecen alcanzar, las empresas constructoras aportan su desconsideración para el perfeccionamiento del caos del tránsito en horas pico. 

La foto que ilustra esta columna muestra un utilitario que estuvo parado toda la mañana de ayer y hasta bien entrada la siesta en Sarmiento pasando Esquiú, trabajando en una edificación. Si bien el obstáculo era ostensible, los operarios habían colocado conos anaranjados en la esquina para advertir que el tráfico estaba cortado. 

El policía que está de imaginaria perpetua en la vistosa garita erigida en la esquina sudoeste de los franciscanos no impidió la maniobra, así que debe suponerse que la empresa contaba con el consentimiento del municipio o alguna otra alta autoridad para proceder. Esto, sin embargo, no pudo confirmarse, y tampoco es función del policía requerir información al respecto. Como la mayoría, estimará conveniente no meterse en cosas que no le incumben y el purgatorio de circular en el microcentro integra ya el universo de los fenómenos naturales a los que no cabe más que resignarse.
Sería como querer prohibir el viento, habrá razonado, sabio, el consigna; todavía estos tipos tienen contactos influyentes y me como un garrón por comedido. Total, unos bocinazos más que le hacen al aquelarre general. Que se ocupe la Policía de Tránsito, si tiene ganas, que para eso está aunque brille por su ausencia en circunstancias como la narrada.
Sarmiento y Esquiú, esquina crítica. El tapón repercute en la circulación hacia el oeste.

¿Por qué no se fijan horarios menos incómodos para que las empresas constructoras desarrollen tareas en el microcentro? 
No se trata de urgencias, no hay pretexto que pueda esgrimirse para someter a los automovilistas a la agenda de una firma privada. Lo de la obra frente a los franciscanos viene desde hace varias semanas, sin que las autoridades pertinentes hayan advertido todavía sobre los problemas que provoca y la contribución al estrés general que significa, y eso que ahora hay restricciones sanitarias de cuyo cumplimiento podrían ser eximidas las constructoras que lo requieran para avanzar en sus legítimos trabajos sin necesidad de incordiar a medio mundo.

Considérese, por ejemplo, que debido a las limitaciones impuestas por la pandemia los automovilistas que deben transitar por el centro se han librado coyunturalmente de ese tormento cotidiano que eran la salida de las escuelas. Debe haber algún designio tácito que obliga a sostener los niveles de malestar; capaz que los gastroenterólogos presionan para que las úlceras prosperen.
Es irónico, porque cuando volvió a autorizarse la actividad de los locales gastronómicos, con el aforo limitado y la posibilidad de instalar mesas al aire libre, en el espacio público, una de las advertencias que se alzó fue precisamente los problemas que esto podría acarrear para la fluidez del tránsito en el microcentro, como si tal cosa hubiera existido alguna vez.

Aparte están las manifestaciones. El traslado de la Casa de Gobierno a lo que era el Centro de Innovación y Desarrollo, en avenida Presidente Castillo, no ha disuadido a quienes protestan contra disposiciones oficiales o reclaman la atención de las autoridades de abandonar el clásico escenario de República y Sarmiento para expresar sus disconformidades, pese a que no hay nadie allí que pueda escuchar sus consignas. Se superponen ahora las delicias de la convivencia vecinal con las movilizaciones contra el Poder Judicial. 

Todo tiene solución. Tal vez sea hora de pensar en coordinar el uso del “piquetódromo” céntrico con las necesidades de particulares como las empresas constructoras. Un sistema de turnos, por ejemplo. Que el tránsito, comercio y gastronomía se permita nomás entre las 22 y 7, para que esta gente pueda desplegar sus actividades tranquila durante las horas diurnas.

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