cara y cruz

Cierre tardío, demora letal

miércoles, 28 de julio de 2021 · 01:18

La ministra de Salud, Carla Vizzotti, omitió explicaciones al anunciar el acuerdo con el laboratorio Pfizer por 20 millones de dosis de vacunas contra el coronavirus que comenzarán a ingresar, calculó, en septiembre. 
Es una pena porque, mientras los motivos por los que la Argentina decidió ahora acordar con la firma norteamericana permanezcan en secreto, al vulgo ignorante de sutilezas geopolíticas no le quedan más que sus intuiciones: desbordado por la peste y acuciado por las urgencias electorales, el Gobierno nacional tuvo que resignarse a pactar con el imperialismo. 

Pfizer se comprometía en julio del año pasado a entregar 13,5 millones de dosis a lo largo de 2021, con una primera entrega de un millón en diciembre. La secuencia se desarrollaría luego con dos millones en el primer trimestre del año, cinco en el segundo y el resto en el cuarto, de manera que a esta altura la Argentina podría haber contado con 8 millones de dosis más que las  41 que han ingresado.

Gracias a la solvencia de los encargados de gestionar las vacunas, serán 20 millones de Pfizer y no 13,5. Un tercio más de inmunizaciones, logro logrado –conforme a la sintaxis macrista- que no merece desacreditarse por nueve meses de morondanga de escasez, por mucha gente que se haya contagiado o muerto en el interregno. 

En definitiva, no es culpa del Gobierno que los rusos traidores no hayan provisto vacunas suficientes y retaceen ahora las segundas dosis de Sputnik V con el ridículo argumento de que primero tienen que inocular a su población.
La falta del segundo componente de la Sputnik tiene en vilo a millones de argentinos vacunados con la primera. 

En Catamarca son 17 mil personas que permanecen en ese limbo sanitario, angustiadas por la posibilidad de que se corte la cadena de inmunidad entre una aplicación y otra. El Gobierno nacional no tiene más respuestas para ellos que el incumplimiento de lo acordado por parte de Rusia, hecho que se conoció por la filtración de los reproches epistolares de una funcionaria al Fondo que administra la distribución desde las tierras de Putin. 

Mientras, el país perforó ya la barrera de los 100 mil muertos que el presidente Alberto Fernández había proyectado como un límite ético. “Prefiero tener 10% más de pobres y no 100 mil muertos en la Argentina”, dijo en abril del año pasado.
Tiene los muertos y tiene la pobreza en 45%, un salto que aún no llega a los 10 puntos pero se arrima. 

La precariedad de la dicotomía que planteaba el Presidente se insinuaba ya cuando pronunció la frase. Más de un año después se afirma en certeza: más pobres es también más muertos, adicionales a los de la peste y la falta de vacunas, por imposibilidad de acceder a un servicio de salud aceptable desde la marginalidad y al incremento desmesurado del precio de medicamentos y tratamientos por el desenfreno inflacionario. 

La estela de sufrimiento y muerte es más densa debido a las fallas de la política sanitaria y su impacto en una economía cuyo derrumbe encuentra piso.

La deficiente gestión de las vacunas es la punta más evidente de un iceberg inmenso de incompetencia e irresponsabilidad. El acuerdo con Pfizer que Vizzotti acaba de anunciar es la admisión de tal inoperancia y hay que subrayar un elemento: aprovisionarse de vacunas ha dejado de ser el arduo problema que era y por consiguiente no representa hazaña alguna el cierre. Es tardío, la demora fue letal.

La Casa Rosada construyó su propia encerrona al excluir a Pfizer de los proveedores en octubre, cuando lo que se requería era multiplicarlos.

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