EL MIRADOR POLÍTICO

Un sistema de poder en crisis

domingo, 25 de julio de 2021 · 01:11

Aparte de la desesperación y las especulaciones ideológicas que condicionaron la gestión de las vacunas, el ruego epistolar por segundos componentes de la Sputnik V que la asesora presidencial Cecilia Nicolini hizo al Fondo Ruso de Inversión Directa expuso la desproporcionada imagen que el Gobierno nacional tiene de sí mismo. 

El mail es más revelador en este aspecto porque no estaba destinado a difundirse. Quiere decir que las advertencias que la funcionaria desliza en él no admiten el justificativo de impostar fortaleza ante la opinión pública, de lo cual puede inferirse que supone sinceramente que está en condiciones de “presionar” –entre comillas, como quiere la ministra de Salud Carla Vizzoti- a los rusos.  

Nicolini se queja porque el Fondo Ruso le falló a la Argentina con los envíos de componente dos comprometidos. Avisa a los gerentes de Vladimir Putin que “todo el contrato corre el riesgo de ser cancelado públicamente” y que “recientemente emitimos un decreto presidencial que nos permite firmar contratos con empresas americanas y recibir donaciones de los Estados Unidos”.
“Nosotros respondimos siempre haciendo todo lo posible para que Sputnik V sea el mayor éxito, ¡Pero ustedes nos están dejando con muy pocas opciones para continuar peleando por ustedes y por este proyecto!”, reprocha.

La respuesta del Gobierno ruso debe agradecerse como una deferencia no carente de ternura, si bien ubica a la administración argentina en la palmera. 

Los compromisos se cumplirán, garantizó Dimitri Peskov, vocero de Putin, pero quienes acordaron por la Sputnik V deberían madurar: “Saben que la campaña de vacunación (en Rusia) cobra fuerza y aumenta la toma de conciencia de los ciudadanos. Los ritmos de vacunación se incrementan cada vez más. Y es, sin duda, la prioridad”.

La Sputnik-dependencia argentina no es culpa de Rusia. Tampoco los eventuales perjuicios electorales que las deficiencias de la campaña vacunatoria provoquen, ni las urgencias proselitistas que surgen del pedido de Nicolini para que los primeros resultados de la elaboración nacional de la vacuna estén antes del 9 de julio, “ya que es una fecha muy importante para nosotros, el Día de la Independencia”.

“Es 7 de julio y todavía no está listo y no estará listo para el 9 de julio, como el Presidente les pidió amablemente, teniendo en cuenta los días que se necesitan. Nosotros esperamos que usted ponga especial atención a esto, que fue el único y más importante pedido del Presidente Fernández y fue, otra vez, una decepción para él y para el país”, puchereó la funcionaria.
Qué falluto resultó ser este Putin.

En picada
El episodio de la carta filtrada se incrusta en un contexto de pronunciada degradación de la autoridad presidencial, que se manifiesta en frecuentes incursiones en el ridículo de Alberto Fernández. Las consecuencias de la cita fallida sobre el origen de mexicanos, brasileños y argentinos ante el premier español no parece haber convencido al mandatario de que el “stand-up” no es lo suyo. 

Recientemente, en un acto realizado en el Chaco, reincidió en el género con una imitación de la esdrújula tonada riojana para contar –mal, de nuevo, como en su antropología de los barcos- una humorada que concluye con “los catamarqueños y los riojanos se tienen lástima”.

Cuando la carne está baja, cualquier choco se le anima. En el anuncio del DNI no binario, que en el campo donde hay que asentar el sexo del identificado lleva una “x”, Valentine Machado se abrió la camisa y exhibió al recibir el suyo una remera con la leyenda “No somos X”. “Mi sentimiento interno no es una X, lo quiero dejar bien claro”, gritó alguien desde el público.

Estas anécdotas son pináculo grotesco de las desconsideraciones y mensajes cifrados que Fernández liga sistemáticamente desde el sector liderado por su vicepresidenta, Cristina Kirchner. La saturación ha dejado atrás obras maestras como la del Jefe de Estado negociando en persona con barrabravas el reordenamiento de los funerales de Diego Armando Maradona desmadrados en la Casa Rosada, su “capo labore” en el mundo del vodevil.

Un negro telón de fondo conspira, sin embargo, contra la eficacia cómica de la saga. 

La estela de sufrimiento y muerte de la peste es más densa en la Argentina debido a la defectuosa gestión para el aprovisionamiento, distribución e inoculación de las vacunas, que se inició con la clausura de contratos con la norteamericana Pfizer. El derrumbe económico no se detiene, la inflación continúa su espiral ascendente, la pobreza estraga a la sociedad, con picos del 55% en el Conurbano bonaerense.

Construir consistencia política es condición indispensable para detener una decadencia que no encuentra su piso. 
La expectativa que Fernández generó en tal sentido, robustecida por los niveles de consenso que alcanzó en el principio de la pandemia, fue engullida por la sorda interna con el ultrakirchnerismo y la revitalización de la grieta con Mauricio Macri.

Sistema en crisis
La importancia de estas elecciones intermedias radica en la posibilidad de que establezca bases en las cuáles afirmar y proyectar una restauración del sistema de poder nacional, que profundizó su crisis por la implosión de la figura de Fernández, reducido a portador de un poder vicario. 

Es el paroxismo del esquema que asomó en 2019, con la fragmentación de elecciones provinciales divorciadas de la Presidencial. El fenómeno no se reiteró ahora –salvo en Jujuy, desde donde el gobernador Gerardo Morales busca saltar al ruedo nacional- porque son comicios parlamentarios.

La recuperación del sistema de poder nacional requiere revertir la tribalización, que expresa un país macrocefálico e impotente, de representaciones distorsionadas. Baste consignar que el último gobernador bonaerense que tuvo la Provincia de Buenos Aires, el padrón más abultado del país, fue Eduardo Duhalde. De ahí en adelante, la manija fue entregada a foráneos, los intendentes del distrito fluctúan en sus jugadas. Esta subordinación del horizonte nacional a una perpetua e inestable rosca con caciques territoriales es la dinámica que configura el fracaso argentino.

La impotencia consecuente es lo que hace ridículos alardes como el de Cecilia Nicolini. No se la asume, por lo tanto tampoco se plantea su resolución. Es a esta altura incontrastable que la Argentina no puede sostener con el cuero lo que dice con el pico.

Habrá que ver si lo que sale del medio término logra al menos reducir la desesperanza, que cunde en alas de la miseria. Los precandidatos ya están plantados en la cancha. 

Hace años se decía: sepa el pueblo votar.
 

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