EDITORIAL

La inconsistencia de los escenarios apocalípticos

domingo, 25 de julio de 2021 · 01:09

Una vez resueltas las precandidaturas, algunas de las cuales se convertirán en candidaturas formales una vez que pasen el filtro de las PASO, las fuerzas políticas deberán concentrarse en la elaboración de proyectos e iniciativas que sean capaces de captar la atención, primero, y el voto, después, del electorado. Eso en el plano teórico, pero en realidad no hay grandes expectativas de que los candidatos expresen en la campaña electoral propuestas concretas atractivas, sino más bien ideas generales basadas más en los defectos del adversario que en los méritos propios. Sobre todo porque se trata de elecciones de medio término, en las que no se ponen en juego cargos ejecutivos, de modo que ni siquiera es advertida como imperiosa la necesidad de elaborar una plataforma electoral consistente que revele el proyecto político de las fuerzas que se ponen a consideración de la ciudadanía.

Es curioso cómo las fuerzas mayoritarias a nivel nacional agitan, como estrategia para direccionar el sufragio, fantasmas de penurias que sobrevendrían presuntamente si el resultado de las elecciones no favorece al emisor del discurso. La oposición considera que si ganan los postulantes del Frente de Todos, y el oficialismo consigue mayorías parlamentarias, el camino que lleva a convertir a Argentina en Venezuela quedaría allanado. Y el oficialismo razona que un triunfo opositor provocaría una desestabilización del frágil equilibrio alcanzado a nivel de indicadores macroeconómicos, por lo que sería imprescindible ratificar el predominio electoral logrado en 2019 para permitir continuar por el camino del crecimiento que se advierte ahora de manera incipiente. 

Ni un triunfo oficialista significa la “venezuelización” de la Argentina, sencillamente porque las realidades de ambos países, por múltiples factores, son incomparables, ni un triunfo opositor sería necesariamente el causante de un desequilibrio económico.

Los desequilibrios económicos no son causados por el voto popular, sino, en todo caso, por inconsistencias en el programa económico que aplican los gobiernos. Y así como un voto opositor mayoritario no debería ser argumento para explicar eventuales crisis, un voto a favor del oficialismo tampoco es garantía de éxitos en el rumbo económico. Por ejemplo, en las últimas elecciones de medio término, a nivel nacional triunfó Cambiemos, que gobernaba el país. Y ese respaldo popular no evitó el fracaso económico de esa gestión, que elevó la pobreza del 28% al 40% en cuatro años. Hoy el porcentaje de pobres ya orilla el 45%, y supera el 60% entre niños y adolescentes.

Los comicios son la oportunidad que tienen los ciudadanos para elegir a sus representantes. Y deben ejercer ese derecho en función de sus convicciones. Plantear escenarios apocalípticos si el triunfo le corresponde a los adversarios, ya sea del oficialismo o de la oposición, es una estrategia que exhibe los defectos de los que apelan a esos discursos y revela la incapacidad que tienen de mostrar sus propias cualidades como argumento para convencer al ciudadano.

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