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La revelación Pfizer

domingo, 13 de junio de 2021 · 01:06

¿Cómo hubiera evolucionado la peste si la Argentina no renunciaba a la vacuna Pfizer? 
La especulación es pertinente para un Gobierno afecto a ramificar justificaciones contrafácticas desde la afirmación ucrónica madre “Con Macri hubiera sido peor”. Ventajas de lo incomprobable, aunque en el caso de la pócima norteamericana algunos elementos arriman sospechas funestas.

La provisión que el laboratorio prometía hubiera contribuido con 8 millones de dosis en el primer semestre de este año, suficiente para inocular al 18% de la población argentina. Sumadas a las que llegaron, podría a esta altura haberse inmunizado más del 40%.
En cambio, los vacunados con las dos dosis necesarias apenas superan el 7%, y un 21% recibió solo la primera.
Contar con el componente Pfizer hubiera permitido disminuir los contagios, las restricciones y los decesos, que marchan hacia los 100.000. 

¿Cuántas muertes se hubieran evitado con la Pfizer? 
La conciencia debe atormentar al presidente Alberto Fernández con más crueldad que las reacciones a su pifia sobre las procedencias mexicanas, brasileña y argentina. Insistía con que una sola muerte evitable por COVID-19 le hubiera resultado intolerable y prefería 10 puntos más de pobreza antes que 100 mil muertos. 
A 15 meses de declarar el primer confinamiento, tiene todos esos casilleros llenos: 8 millones menos de vacunados, alguna muerte se habrá filtrado; pobreza en el 45%, con el pico de 55% en el Conurbano Bonaerense; más de 85 mil muertos y tendencia al alza.
La exposición del gerente de Pfizer Argentina en la Cámara de Diputados no dejó lugar a dudas: la escasez de vacunas fue producto de una decisión política. 

Casualidades y lobbys
El acuerdo no cerró porque la ley para regular las compras a los laboratorios que el Congreso sancionó en octubre era incompatible con los requerimientos contractuales de la firma norteamericana. 
El proyecto de ley pergeñado por la Casa Rosada se modificó a propuesta de la diputada Cecilia Moreau para introducir precisamente lo que frustraría las tratativas con Pfizer: la “negligencia” imputable al laboratorio y la exigencia de que cualquier litigio se dirimiera en el exterior. Casualidades.

Lo ocurrido significa que el Gobierno nacional renunció deliberadamente a 13,5 millones de dosis que Pfizer se comprometió en julio del año pasado a entregar desde diciembre: un millón en el primer lote, dos en el primer trimestre, cinco en el segundo y el resto en el cuarto. En lugar de las 300 mil dosis de la rusa que llegaron el 24 de diciembre, sobre las que tantas bullas épicas se montaron, hubieran sido 1, 3 millones: un shock de pinchazos cuatro veces superior de entrada nomás. Ya la segunda ola estragaba Europa.

La Casa Rosada sabía cuáles eran las condiciones para acceder a la oferta cuando a propuesta de Moreau se modificó el proyecto. Lo sabían Fernández, Cristina Kirchner –presidente del Senado- y el titular de la Cámara baja, Sergio Massa, y consintieron la modificación que dejó al país sin 13,5 millones de vacunas. Para algunas cosas la coalición funciona al pelo.
Como consecuencia, la Argentina quedó a expensas de las dotaciones de Sputnik V de la antiimperialista Rusia, Sinopharm de la no menos antiimperialista China y Oxford-Aztrazeneca, del Reino Unido, que no es antiimperialista, pero tiene empresarios cercanos al Gobierno que la producen en la Argentina.
Son datos interesantes para abordar el fenómeno de los “lobbys” de la industria farmacéutica, que el oficialismo puso de relieve para desacreditar la obsesión opositora con la Pfizer.

Cálculos
En la más bienintencionada de las lecturas, lo del Gobierno nacional fue una irresponsabilidad o una estupidez producto de intoxicaciones ideológicas. En lugar de ampliar las posibilidades de acceso a las vacunas, las restringió. Y no es que debía cambiar la ley para complacer a Pfizer, como se pretendió hacer creer en un principio: se la cambió para dejar afuera a ese laboratorio específico.

Fernández calculaba en noviembre que para el primer semestre de este año ya estarían vacunadas 10 millones de personas. La cifra recién se superó en el segundo.
En enero, con la alternativa Pfizer clausurada, Ginés González García aseguraba que la Argentina accedería a 51 millones de dosis en 2021. Habría cinco millones en ese mismo enero y 14 millones en febrero ¿Tanto confiaba en la generosidad de Vladimir Putin? 

González García explicaba el rechazo a Pfizer en que las pretensiones del laboratorio lesionaban la dignidad del país. Cuánto pundonor: en febrero tuvo que dejar el Ministerio de Salud por el escándalo de los vacunatorios VIP. Se ve que los privilegios familiares, afectivos y facciosos no lesionaban su elevado sentido de la dignidad. Otros 116 países menos honorables firmaron y tienen la vacuna.

El oficialismo sostiene que no es necesario ya reformular la ley para aceitar las negociaciones con Pfizer; que lo hará si la necesidad lo exige.
No lo necesita, es cierto. Las vacunas comienzan a sobrar en el mundo, pronto el aprovisionamiento dejará de ser un problema. 
En tal contexto, los voceros oficialistas baten a redoble el parche de la gesta heroica y la campaña de vacunación más grande la historia; ahora que suponen llegarán holgados con las inmunizaciones a las urnas.
Lástima que no fueran tan heroicos cuando la segunda ola se cernía sobre el país. 
Si el acuerdo con Pfizer se hubiera celebrado, ¿Estaríamos mejor o peor? 
Se perdió una gran oportunidad para achicar la grieta: de comprarle a los yankees también, ganaban todos los “lobbys”.

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