editorial

Falsa contradicción

domingo, 13 de junio de 2021 · 01:04

La pandemia todavía en curso le añadió dramatismo, angustia e incertidumbre a un mundo que ya se encontraba desde hace décadas en una fuerte tensión por los efectos indiscutibles del cambio climático en el planeta.
A diferencia de lo que ocurría el año pasado, en la actualidad, y en lo que respecta al efecto devastador del COVID-19, se advierte una luz al final del túnel. Esa esperanza reside en las vacunas, que se muestran eficaces para reducir drásticamente los contagios, la gravedad en la enfermedad y los fallecimientos.

Cuando la pandemia finalice, deberán replantearse en el mundo político y visiones generales, tanto en lo que respecta a las relaciones sociales como a la relación del hombre con la naturaleza. Y es preciso encontrar proyecciones esperanzadoras, con miradas estratégicas, que conviertan el pesimismo que hoy predomina por un optimismo al menos moderado.

Con este propósito la FAO, que es el organismo especializado de la ONU que dirige las actividades internacionales encaminadas a erradicar el hambre en el mundo,  elaboró y acaba de publicar un informe prospectivo denominado “Hacia una agricultura sostenible y resiliente en América Latina y el Caribe: Caminos para la transformación”. El trabajo propone que la recuperación post-pandémica sea sostenible a través de la transformación de los sistemas agroalimentarios para lograr una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medioambiente y, en definitiva, una vida mejor.

El objetivo es transformar los modelos de producción y consumo con práctica amigables con el medio ambiente, que tiene como valor agregado la creación de nuevos empleos. 
Ignacia Holmes, Oficial de Agricultura Sostenible y Resiliente de la FAO para América Latina y El Caribe, escribió un artículo en el que sostiene que el Banco Interamericano de Desarrollo calculó que los cambios que se necesitan para arribar a un escenario de producción carbono neutral dentro de poco menos de una década pueden generar, en América Latina y el Caribe, alrededor de 15 millones de empleos. Y menciona otro estudio, en este caso de los economistas Nicholas Stern y Joseph Stiglitz, que muestra que, luego de la crisis del año 2008, las medidas de estímulo con enfoque ambiental generaron más empleos y un mejor crecimiento que las alternativas tradicionales.

Precisamente el trabajo de la FAO indica que la transformación del sector agroalimentario a través de innovaciones tecnológicas e institucionales puede operar decididamente como un impulso al crecimiento económico.
Es decir, el desafío es terminar con la falsa contradicción entre producción y cuidado del medio ambiente. Como dice Holmes, “no podemos seguir pensando que conservar, sustentar y reducir emisiones son restricciones que afectan el desarrollo productivo. La tarea, compleja y necesaria, consiste en identificar las estrategias y las soluciones concretas que nos permitan resolver la ecuación del desarrollo sostenible en sus dimensiones económica, social y ambiental”.

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