CARA Y CRUZ

La causa Malbrán

viernes, 11 de junio de 2021 · 01:09

El incidente Malbrán, detonado por el diputado Hugo Ávila, puede considerarse, plazo para la definición de candidaturas ya establecido, la primera escaramuza de una campaña que estará signada por la peste. 
Al denunciar supuestas faltas de oxígeno para atender pacientes con coronavirus en el hospital monovalente Carlos Malbrán, el legislador obtuvo la hipervisibilidad que viene persiguiendo desde hace tiempo, en busca de acumular consenso para lograr, al menos, su reelección por fuera del justicialismo orgánico. Sin embargo, al mismo tiempo suministró al oficialismo, que estaba aletargado, sin reacción, el eje para comenzar a vertebrar una prédica unificada y consistente en momentos difíciles para el Gobierno por el malestar que cunde a raíz de las restricciones sanitarias. Este eje es, precisamente, el Malbrán, acierto indiscutible de la administración Jalil entre tantas disposiciones discutibles y discutidas: inaugurado en mayo del año pasado, concentró todos los casos de COVID-19 y liberó de tal modo al resto del sistema de salud pública y al sector privado, que recién entró en el frente de batalla crítico, para casos leves, hace menos de un mes.

El oficialismo encontró en el emblemático Malbrán estribo para cruzar las críticas a la gestión de la pandemia.


El Gobierno afronta una situación novedosa. La primera ola tuvo muy poca incidencia en Catamarca el año pasado, mientras el resto del país se estragaba en contagios y muertes. Arrastra ahora el costo de la escasez de vacunas, que es responsabilidad exclusiva del Gobierno nacional, y  tiene que jinetearla sin auxilios financieros de la Casa Rosada, con un humor social intolerante hacia enclaustramientos cuya solvencia, dados los resultados, no alcanza a discernir. 
Como si tales condicionamientos fueran pocos, las idas y vueltas con las medidas, modificadas en muchos casos en un lapso de pocas horas, acicatearon desacatos y manifestaciones de los afectados que erosionaron la autoridad gubernamental.  
En escenario tan inestable, Ávila tiró el salvavidas del Malbrán. 


La denunciada falta de oxígeno fue desmentida de inmediato por el director del nosocomio, Daniel Godoy, cabeza de un equipo que trabaja a destajo, al borde del agotamiento, expuesto a los contagios y al impacto anímico de convivir con el sufrimiento y la muerte. La denuncia de Ávila ponía en duda la responsabilidad y competencia de un cuerpo de trabajadores y profesionales que cuenta con el reconocimiento unánime de la sociedad.
La sólida desmentida de Godoy fue como una clarinada y la tropa oficialista saltó como maíz frito al contraataque: la consigna “Con el Malbrán NO” galopó rauda y exitosa. El Gobierno encontró estribo para afirmarse ante mandobles de una oposición que hasta ese momento maniobraba prácticamente sola en la cancha inclinada por la reticencia al encierro.
El resto es sobreactuación y gambetas. 


La denuncia penal que radicó el propio Godoy a instancias del Gobierno eventualmente beneficiará a Ávila, que cuenta con la protección de fueros y estará en condiciones de hacerse el payador perseguido sin excesivas consecuencias. La periodista que lo acompañó en la incursión al Malbrán, en cambio, está desguarnecida. Ayer la imputaron (ver página 2). Es improbable que prospere la cuestión de privilegio que planteó en la Cámara baja el bloque del Frente de Todos para despojar de inmunidades al tinogasteño, quien continuará con seguridad disparando para capitalizarse. Se verá.
De cualquier modo, el episodio movilizó al oficialismo ante el riesgo de que el malestar social encuentre canal de expresión para las elecciones de septiembre-noviembre. La “causa Malbrán” le sacudió las itas a más de uno.
Lucía Corpacci reapareció ayer y advirtió sobre la complejidad de la coyuntura. La voz de la experiencia: perdió el primer medio término como gobernadora, en 2013.n

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