CARA Y CRUZ

Intoxicación ideológica

jueves, 10 de junio de 2021 · 01:05

El gerente de Pfizer Argentina, Nicolás Vaquer, confirmó en la Cámara de Diputados que el aprovisionamiento de vacunas a la Argentina no se acordó porque la ley sancionada por el Congreso en octubre para estos fines era “incompatible” con mecanismos contractuales del laboratorio que otros 116 países del mundo aceptaron. Circunscribió el problema a dos puntos en los que el Estado nacional no quiso ceder: excluir la negligencia del contrato y de la norma y revisar los criterios de aceptación de la garantía con contragarantía de ejecución en el exterior.
Las tratativas entre la Casa Rosada y Pfizer se habían iniciado en abril del año pasado. En julio se firmó un principio de acuerdo por el que el laboratorio se comprometía a suministrar 13,2 millones de vacunas. El primer millón entraría en diciembre, dos millones más en el primer trimestre de este año, cinco en el segundo y el resto en el cuarto. Quiere decir que a esta altura del año el país podría haber dispuesto de 8 millones de vacunas Pfizer, adicionales a las adquiridas a otros laboratorios, pero como el Gobierno nacional se negó a reformular la ley las disponibilidades están restringidas.

El presidente Alberto Fernández suele expresar que lo acongojaría mucho que la muerte de un solo argentino pesara sobre su conciencia. Su administración, tan afecta a las ucronías cuando asevera que “con Macri estaríamos peor”, podría plantearse esta: si el acuerdo con la Pfizer se hubiera celebrado, ¿Estaríamos mejor o peor? ¿Cuántos argentinos habrán muerto por no estar vacunados? 
La reticencia a cambiar la ley llama la atención si se la compara con los esfuerzos y energías que erogan las espadas parlamentarias oficialistas en asuntos menos letales, como las reformas judiciales que angustian a la vicepresidenta Cristina Fernández. 
Pero Pfizer pertenece al imperio, encarnación del mal que no merece tantas gestiones. Mejor negociar la Sputnik V con el ruso Vladimir Putin, o la Sinopharm con China, gente amiga y antiimperialista. 

El Gobierno no acordó la provisión de 13,5 millones de vacunas por no adaptar una ley a los requerimientos de Pfizer.

 

Lo ocurrido es un ejemplo de los peligros que incuban los desvaríos ideológicos. Tanto justificar confinamientos en la protección de vidas humanas para sacrificar un número indeterminado por no cambiar una ley. 
Para consuelo del oficialismo, el ejecutivo de Pfizer negó que se le hayan pedido coimas o la participación de intermediarios en la comercialización, versiones que los desvariados del otro lado de la fractura kirchnerismo/antikirchnerismo habían echado a rodar alegremente. También negó que el laboratorio pretendiera  “intervenir con los bienes del Estado, esto incluye los recursos naturales, reservas del Banco Central, activos militares, activos estratégicos o culturales”, como replicaron en su turno de desatinos algunos ultrakirchneristas.

Diputados del Frente de Todos pusieron en duda que Pfizer haya cumplido con el 99,9% de los compromisos de provisión, pero se trata de atenuar el nivel de la irresponsabilidad cometida al renunciar al contrato. Se deshacían en cabriolas publicitarias cada vez que llegaba una carga, sobre todo la primera, 300.000 de Sputnik, a fines de diciembre. Con la Pfizer, podrían haber sido 1.300 mil dosis. Andá a saber cuánta gente se salvaba si se empezaba a inocular con ese volumen desde entonces. 
Vaquer consignó que el Gobierno sabía de las condiciones contractuales de Pfizer antes de que el Congreso debatiera la ley, que salió por unanimidad. No obstante el oficialismo no adaptó la norma. Es decir: promovió a sabiendas la sanción de una ley impracticable para un laboratorio que se comprometía a suministrarle 13,5 millones de vacunas.
La intoxicación ideológica perpetúa al país en la enajenación. 
Principio de Hanlon:  "Nunca atribuyas a la maldad lo que se explica adecuadamente por la estupidez".n

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