CARA Y CRUZ

Adiós a Marita Colombo

martes, 4 de mayo de 2021 · 01:08

La muerte de Marita Colombo concitó unánimes manifestaciones de afecto y respeto cuyo alcance debe aquilatarse a la luz de una muy específica característica de su trayectoria: como una de las más aguerridas y penetrantes espadas del radicalismo y el FCS, perfeccionó su temple en épocas signadas por polarizaciones viscerales que en más ocasiones de las deseables degeneraron en odios ilevantables. Haberlas atravesado sin que su prestigio sufriera mella marca su calibre como persona, militante y dirigente. 
Traducía la fuerza de sus convicciones en un estilo apasionado para el debate que nunca degradó en agravios ni desmesuras. Jamás llegó a rozarla la sombra de una sospecha, ni siquiera cuando la rispidez del litigio político convertía la discusión en un intercambio de injurias y calumnias.


Así labró una reputación de compromiso, lealtad y honradez que la convirtió en figura indispensable dentro del armado boinablanca, como encarnación de los principios más nobles de la castigada actividad política.
La muerte la encontró precisamente inmersa en una tarea a la medida de sus aptitudes. Consagrada presidenta de la UCR en un proceso interno no exento de traumas, estaba abocada a suturar heridas, construir consensos y fortalecer el partido luego de la dura derrota sufrida en las elecciones de 2019. La etapa demandaba una autoridad política y ética capaz de trascender las diferencias intestinas.
Marita fue secretaria de Salud, pero la mayor parte de su carrera se desarrolló en el ámbito parlamentario. La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner la recordó ayer en la Convención Constituyente de 1994. 


Entre 1997 y 2009 se desempeñó en el Congreso de la Nación. Como diputada nacional hasta 2001, cuando el FCS, entonces en el Gobierno, la convocó para acompañar a Eduardo Brizuela del Moral como candidata a senadora. 
El momento requería una fórmula oficialista contundente para replicar los vertiginosos cambios que comenzaban a desplegarse en el escenario político. Luis Barrionuevo le había ganado las internas del PJ a Ramón Saadi y era el postulante a la Cámara alta por la oposición. El eclipse del liderazgo de Saadi, el adversario clásico, obligaba al radicalismo a adecuarse y proponer lo mejor.
Colombo sería la voz medular del FCS en el Senado dos años después, cuando debido a la suspensión de las elecciones provinciales por la “quema de urnas” del 2 de marzo se promovió la expulsión de Barrionuevo del cuerpo, finalmente fracasada. Ese mismo 2003 obtendría la reelección, acompañando a Oscar Castillo.
En 2009 desembarcó en la Cámara de Diputados de la Provincia, donde afianzó su predicamento como referente. 
Transcurría su tercer mandato en ese cuerpo, donde era quizás la voz de mayor peso dentro de la oposición. 


Sensible al sentido de los tiempos, asumió decididamente las banderas de las luchas de género. Apenas se consagró como presidente de la UCR desautorizó sin hesitar al Tribunal de Disciplina partidario que pretendía sancionar a un grupo de mujeres que había cuestionado la candidatura a presidente del Comité Capital del médico Roberto Gómez.
Más allá de cualquier diferencia, todo el arco político y social coincidió ayer en el reconocimiento de sus méritos como dirigente y persona: vocación democrática, compromiso institucional, disposición al diálogo y a buscar consensos aún en lo más arduo de las controversias.
“Los cargos no hacen a los valores –dijo Castillo al despedirla- Son los valores los que iluminan el cargo”. n

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