EDITORIAL

Que no sea un cuento chino

domingo, 2 de mayo de 2021 · 01:09

Un cambio en la estrategia de inversiones de China en América Latina podría favorecer directamente a Catamarca. Un reciente estudio elaborado por la Universidad de Boston y la organización Inter-American Dialogue concluye que el gigante asiático -junto con los Estados Unidos las dos principales potencias del planeta- está virando su vinculación financiera en los países de nuestra región desde los préstamos directos Estado-Estado hacia un mayor protagonismo de los bancos chinos en las licitaciones públicas y la adquisición de empresas locales.

En lo que respecta a la participación en licitaciones públicas, la mirada está puesta en grandes obras, entre las que se cuentan represas o complejo hidroeléctricos en varias naciones sudamericanas. Será con inversiones de origen chino que se construirán en la Argentina dos represas sobre el río Santa Cruz por casi 5.000 millones de dólares, además de parques solares en Salta, Córdoba, Jujuy y proyectos en La Rioja y Chubut y numerosos proyectos vinculados a la minería.

El punto es que otra de las mega-obras en las que los inversores asiáticos han posado los ojos es el Complejo Hidroeléctrico Multipropósito Potrero del Clavillo, que se emplazará prácticamente en el límite entre Catamarca y Tucumán. El proyecto contempla que el complejo embalse el aporte de varios cursos de agua, como los ríos Chacras, El Potrero, Del Campo, La Laguna y Vallecito, que a su vez recogen los aportes de ríos de la cuenca superior del río Salí-Dulce.

El proyecto prevé, además de la generación de energía, sumar aproximadamente 70.000 hectáreas a la producción agropecuaria, y desarrollaría otras actividades, como la industria, la piscicultura y el turismo, lo que favorecería en forma directa e indirecta a alrededor de 150.000 personas. 

Pero es necesaria una aclaración: en función de los antecedentes, no parecen aconsejables las expectativas desbordantes. La obra ha sido anunciada muchas  veces a lo largo de las últimas décadas, y sus eventuales frutos descritos detalladamente, pero en el lugar donde debe emplazarse el complejo solo hay, por ahora, una piedra basal colocada hace casi medio siglo, concretamente en el año 1974. Dos años después, la dictadura militar de Videla canceló el comienzo de la construcción del complejo.

A poco de asumir su primer mandato como gobernadora, Lucía Corpacci dijo en un acto en Aconquija, Andalgalá, que el proyecto tenía financiamiento asegurado. Desde entonces, fue varias veces incluido en el Presupuesto nacional, y anunciado como de realización inminente, tanto durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner como durante la gestión de Mauricio Macri. Pero nunca avanzó más allá de las conversaciones o los trámites vinculados a estudios de pre-factibilidad. 

Alguna vez, en esta misma columna se mencionó a las idas y vueltas respecto de la concreción de la obra como “el cuento de la buena pipa”, cuyo final nunca llega. Es de esperar que esta vez no sea un “cuento chino”, que en la jerga popular tiene como característica central la inverosimilitud. 

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