EDITORIAL

El reto de bajar la pobreza

martes, 6 de abril de 2021 · 01:02

El aumento o la disminución de la pobreza en la Argentina están básicamente asociados a los ciclos de crecimiento económico o de recesión, pero también a políticas públicas redistributivas o vinculadas a la contención de los sectores más vulnerables. 
Respecto de la vinculación entre crecimiento y disminución de la pobreza, lo datos de los últimos 20 años son elocuentes. En 2002, luego de los años de estancamiento a finales de la convertibilidad y de la fuerte recesión que produjo la crisis de 2001-2002, la pobreza trepó al 56%. En 2015, después de varios años de fuerte crecimiento económico (entre 2003 y 2008 y en 2010-2011, con un nuevo estancamiento entre 2012 y 2015), la pobreza había disminuido, según las cifras del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, al 28%. Según la misma fuente, el índice de pobreza en 2019 había trepado otra vez hasta llegar al 40%. Durante esos cuatro años solo hubo uno (2017) de expansión del PBI; los otros tres fueron de recesión. 

La pandemia provocó la caída de las economías en la gran mayoría de los países del mundo. En Argentina orilló el 10% del PBI. Pese a semejante contracción, la pobreza se incrementó solamente dos puntos porcentuales, básicamente porque el Estado argentino durante el año pasado inyectó recursos, a través de la emisión monetaria, para contener a los sectores vulnerables y apuntalar a empresas privadas. Una estrategia así es comprensible, pero también imposible de mantener en el tiempo.

El 42% de pobreza es, sin duda, un drama social, pero congruente con cuatro años de recesión en el último lustro. Los índices bajarán si hay un fuerte crecimiento de la economía en los próximos años -proceso atado a la paulatina salida de la pandemia como consecuencia de la vacunación masiva- y si se aplican políticas redistributivas eficientes, que disminuyan la brecha existente entre los sectores más ricos respecto de los de menor ingreso. 

Para que haya disminución de los índices de pobreza el crecimiento debe ser sustentable y tener como efecto imprescindible la generación de empleo de calidad. Pero también es necesario que el promedio de los aumentos salariales sea superior a la inflación, del mismo modo que los ingresos de jubilados, pensionados y en general todos los que dependen del sistema de seguridad social, y que haya transferencias monetarias directas a los grupos de mayor vulnerabilidad, que están, más que en situación de pobreza, en situación de indigencia. 

El desafío no es fácil de concretar. En principio porque para lograr bajar la pobreza se requieren de índices de crecimiento superiores al 5% anual durante varios ejercicios, y porque las políticas redistributivas siempre generan tensiones y conflictos sociales que son difíciles de administrar para los gobiernos.
El reto estratégico para cualquier gobierno en la Argentina es pensar en perforar el piso de la pobreza estructural, que históricamente se ha situado en el orden del 25 %. Pero esas metas están tan lejos que lo que urge es recomponer urgentemente el tejido social, muy dañado, como puede advertirse con solo ver las cifras de la pobreza y la indigencia.

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