EDITORIAL

Al borde del colapso

Por primera vez en lo que va de la pandemia, el sistema de salud de varias jurisdicciones...
martes, 13 de abril de 2021 · 01:09

Por primera vez en lo que va de la pandemia, el sistema de salud de varias jurisdicciones en la Argentina corre el riesgo de colapsar. Tal amenaza no se concretó entre octubre y noviembre del año pasado, cuando la primera ola llegó a su pico, pero sí paradójicamente ahora, que el proceso de vacunación tomó ritmo y ya se colocaron más de cinco millones y medio de dosis. 
Tal vez sea la mejoría en el ritmo de llegada de vacunas, y por ende de la inoculación masiva entre la población de mayor edad y con factores de riesgo para su salud, la que contribuyó a un relajamiento que resultó altamente perjudicial. Los contagios, en vez de bajar, subieron, provocando la internación de personas de menos de 60 años. 

Aunque es muy pronto para hacer estudios precisos respecto del impacto de las vacunas, un primer análisis permite anticipar que los resultados son positivos, en el sentido de que ha caído notablemente el número de personas de más de 70 años, que es el segmento poblacional más vacunado, con la enfermedad y también que ha fallecido por complicaciones derivadas del virus. 

Pero la realidad que vive la Argentina, y varios países de la región que también iniciaron las vacunaciones, corrobora que el Covid-19, si bien ataca con mayor virulencia a personas de edad, también afecta a jóvenes y a adultos menores de 60. 

Los expertos que asesoran al gobierno venían anticipando la llegada de una segunda ola. Pero la pronosticaban para la llegada de los primeros fríos, a fines otoño. En rigor, a apenas veinte días de la finalización del verano, el número de casos trepó vertiginosamente, lo que permite inferir que no fue la temperatura ambiente sino el abandono de las medidas preventivas lo que precipitó la llegada de esa segunda ola.

El gobierno se enfrenta ahora al dilema de impulsar más restricciones o mantener la flexibilidad en la circulación de las personas. Si el hartazgo por largos meses de aislamiento promediando el año pasado presionó para una mayor flexibilización de las medidas, la agresividad con el que el virus está atacando en este momento ha generado una conciencia mayoritaria respecto de la necesidad de endurecimiento de las medidas: según una encuesta del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) 7 de cada 10 argentinos están dispuestos a acatar medidas preventivas más restrictivas, intercalándola con períodos de apertura para lograr, de esa manera, una disminución de circulación del coronavirus.

A diferencia de lo que sucedía el año pasado, cuando las vacunas recién estaban en etapa experimental, en la actualidad, aunque el fin de la pandemia está todavía lejos, hay esperanzas concretas de que cuando una proporción importante de la población esté inoculada se puedan establecer flexibilizaciones permanentes que permitan la recuperación de la economía, que es el problema principal de la cuarentena. Como ha sido una constante desde que empezó la pandemia, las fórmulas perfectas para enfrentar los estragos de la enfermedad no sirven. De modo que es preciso que prime el sentido común para encontrar un equilibrio entre salud y economía, mientras las vacunas, a medida que vayan llegando, hagan su trabajo.

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