Editorial

Una fórmula sencilla que no se cumple

Lugar común en el discurso ciudadanos es, al observar la acumulación de basura en un espacio público...
martes, 16 de febrero de 2021 · 01:09

Lugar común en el discurso ciudadanos es, al observar la acumulación de basura en un espacio público, orientar hacia las autoridades sus críticas, no exentas a veces, cuando la acopio de desperdicios supera ciertos límites de razonabilidad, de agravios irreproducibles. Pues bien, sin dejar de admitir que hay funcionarios responsables del mantenimiento de esos espacios que no cumplen con eficiencia los deberes para los que fueron nombrados, es preciso señalar que la generación de basurales es responsabilidad, en buena medida, de los propios ciudadanos. 

Hay ciudades en la Argentina que se caracterizan por exhibir paseos y lugares de esparcimiento con una excelente higiene. Es probable que los municipios, que son los encargados de velar por la salubridad urbana, tengan una adecuada planificación para acometer la limpieza, y consecuentemente la belleza, de esos espacios. Pero lo más seguro es que prime en esas comunidades una cultura del respeto por la ciudad en la que viven, que se manifiesta en la actitud de no ensuciar lo que está limpio.

La fórmula es más sencilla de lo que se cree: no puede pedírseles a los vecinos que limpien las plazas, los parques o las veras de los ríos y arroyos, porque esa es responsabilidad de los organismos públicos específicos, pero sí que no los ensucien arrojado basura, escombros o ramas. 

En su edición de ayer, El Ancasti publicó un informe que muestra cómo varios sectores aledaños al río El Valle se han convertido en basurales, en los que la gente que habita en las inmediaciones o visitantes ocasionales, que asisten a sus márgenes para refrescarse o recrearse, arrojan residuos de todo tipo, afeándolo al lugar pero además convirtiéndolo en focos de contaminación. 

El informe consigna que los basurales abundan tanto en su recorrido por la ciudad Capital como en los vecinos departamentos de Valle Viejo y Fray Mamerto Esquiú, es decir, a lo largo de casi todo su trayecto. Las zonas que son controladas porque existen sectores habilitados o hay paradores o camping presentan un buen aspecto y lucen bastante limpios, un poco porque hay encargados de la limpieza, pero sobre todo porque al haber controles la gente se abstiene de ensuciar, al menos a gran escala. 

Lo señalado en el informe bien puede aplicarse a otros espacios de acceso público, como el dique El Jumeal o los márgenes del río El Tala en días de mucha concurrencia.

Una parte de la solución al problema bien podría ser extremar los controles y sancionar con castigos ejemplificadores a los infractores, pero lo más importante es fomentar las campañas de concientización a escuela es un ámbito privilegiado- respecto de la responsabilidad ciudadana en el cuidado y mantenimiento de los espacios públicos. 

Los hábitos en este caso el cuidado del ambiente en el que nos desarrollamos- se forjan a partir de la repetición de comportamiento socialmente aceptables y aceptados por la comunidad. La experiencia de ciudades limpias y bellas prueba que es posible modificar las conductas nocivas que nos caracterizan.

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