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EDITORIAL

Ponen el cuerpo y caen presas

Por segunda vez en pocos meses, la Justicia Federal de Catamarca dictó la semana...

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30 de noviembre de 2021 - 01:09 Por Redacción El Ancasti

Por segunda vez en pocos meses, la Justicia Federal de Catamarca dictó la semana pasada un fallo con perspectiva de género, aplicado en este caso a una mujer de 27 años que llegó a juicio acusada por narcotráfico y fue sobreseída, considerando que no es una delincuente, sino en realidad una víctima por el estado de vulnerabilidad en la que se encontraba. Esa situación de vulnerabilidad fue aprovechada por una organización delictiva para reclutarla y hacerla transportar droga.

Meses atrás, los jueces del Tribunal Oral Federal de Catamarca, Enrique Lilljedahl, Juan Carlos Reynaga y José Camilo Quiroga Uriburu fallaron de modo similar al sobreseer a otra joven que padeció trata de personas y explotación sexual en una causa en la que estaba acusada de narcotráfico. En aquella oportunidad reconocieron la indefensión en la que la mujer vivió desde muy pequeña y de la que también es responsable el Estado.

Ambos fallos derivan de una interpretación que considera el contexto que rodea a la persona acusada al momento de cometer el delito. La vulnerabilidad extrema es factor que debe ser atendido, pues condiciona la libertad de los actos de la persona. Tanto en el caso dirimido hace pocos días como el de la causa de principios de junio de este año, las mujeres son, en realidad, víctimas. 
En la causa de entonces, se comprobó que la mujer había sido sometida desde sus doce años a trata de personas, abusos sexuales y violencia de género, Y que el Estado tenía responsabilidad porque ella había presentado varias denuncias que la Justicia no investigó.

En la fallada la semana pasada, la acusada cursa un embarazo avanzado, tiene otra niña de 2 años a la que dejó al cuidado de una vecina en su país natal y subsiste apenas en un estado de extrema pobreza. Los verdaderos narcos le ofrecieron 1.000 dólares para transportar la droga, pero sin especificarle que ésa era la sustancia que debía transportar.

Las bandas delictivas apelan con frecuencia a mujeres en estado de vulnerabilidad para el transporte de droga. Si caen, caen ellas, no los capos narcos. Mulas, valijas, vagineras, camellos… son algunos de los motes que reciben en la jerga delictiva. Incurrir en estos “oficios” marginales y de alto riesgo es una de las estrategias para esquivar la miseria suya y de los hijos que tienen a cargo, generalmente sin la referencia paterna.

El drama que viven estas mujeres fue retratado como precisión por María Florencia Alcaraz, periodista especializada en temas de género: “La exclusión social, la pobreza y la violencia machista son las principales causas que las involucran con el micro tráfico.

Además de una división social de las tareas dentro de las cadenas del narcotráfico, también hay una división sexual que se evidencia en estadísticas sobre encarcelamiento de mujeres y cuerpos feminizados. Los hombres manejan los hilos invisibles de las grandes redes de narcotráfico, mientras que las mujeres ponen el cuerpo y caen presas”.

El Poder Judicial ha empezado, lentamente, a reparar estas injusticias.

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