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21 de noviembre de 2021 - 01:04 Por Redacción El Ancasti

El senador nacional electo Flavio Fama admitió que espera seguir el derrotero de Eduardo Brizuela del Moral y llegar a ser Gobernador desde el Rectorado de la Universidad Nacional de Catamarca. 
En el tramo inicial de ese periplo no pudo tirar ancla en el primer puerto que tocó su predecesor. Gustavo Saadi lo privó del gusto al ganarle la Intendencia de la Capital. Le queda sin embargo la esperanza de saltear la etapa: Brizuela del Moral, su Marco Polo en el camino al Sillón de Avellaneda y Tula, se catapultó a la Gobernación desde el Senado al que ingresará en diciembre.
Cúmplanse o no las expectativas del expedicionario, que la UNCA se reafirme como plataforma de lanzamiento político es un rasgo estructural singular del ecosistema catamarqueño. Otras geografías no se registran casos en los que el jefe de una casa de altos estudios haya protagonizado carreras análogas a la de Brizuela del Moral, que Fama pretende emular. 
Julio Salerno fue la insinuación de una continuidad al pasar del Rectorado a la Cámara de Diputados en 2007 pero se mancó, tal vez porque la estrella de Brizuela del Moral, su antecesor y padrino en el ámbito académico, estaba en su apogeo en Casa de Gobierno.
Tal inconveniente no acecha a Fama, que en todo caso aspira a cubrir un vacío: Brizuela del Moral falleció este año, en ejercicio del cargo de diputado nacional.

La caja
Con 2.816 millones de pesos asignados en 2021, la UNCA es el tercer presupuesto de la provincia, solo debajo del Gobierno y la Municipalidad de la Capital. Equivale al 44% del presupuesto de San Fernando del Valle, es cinco veces superior a los de Valle Viejo y Tinogasta, cuatriplica al de Andalgalá.
El potencial de tamaña caja para solventar las aspiraciones de sus administradores se complementa con su autonomía, pues proviene completa de la Nación y está exenta del escrutinio de organismos de control provincial como el Tribunal de Cuentas. Es un instrumento político de primera magnitud.
En su salida, Fama ofreció indicios sobre el modo en que puede manipulárselo para retribuir favores, acuñar gratitudes, sancionar deslealtades y cumplir con los rituales nepóticos. 
El domingo 26 de septiembre, ganadas ya las primarias en Juntos por el Cambio y por lo tanto con la banca de senador en el buche, firmó el pase a planta permanente y la recategorización de 152 agentes, entre ellos su hijo, también Flavio Fama, y Miguel Zafe Maza, hijo de la exdecana de Ciencias Económicas Beatriz “Betty” Maza y el actual vicerrector de esta unidad académica, Jorge Omar Zafe.
Este movimiento laboral se hizo, aclaró, sin transgredir los reglamentos universitarios, aunque no quiso internarse en las razonables dudas de orden ético que podían provocar en el vulgo que representa, sobre todo cuando se había pasado la campaña criticando las dádivas y el abuso del aparato estatal por parte del Gobierno. 
Por casualidad, unas horas después de que se conociera la generosidad del Rector saliente, la opinión pública se enteró que al derrotado intendente de Los Altos, Rafael Olveira, también le agarró la fiebre de la birome y le sacudió 200 contratos retroactivos a principios de mes para mejorarle la digestión a su sucesor y némesis, Raúl Barot.
Debido a la endogamia académica, la bulla en la Universidad por la voluminosa reestructuración de personal se circunscribió al gremio APUNCA, que aprovechó para señalar que la arbitrariedad fue característica en la gestión Fama.
El incidente afirma la impresión de que la calidad y transparencia en el manejo de los fondos en la UNCA no difiere demasiado de la que se le objeta a la política menos ilustrada, concatenado con otros similares, escandaletes electorales con terminales en la Justicia y una vocación por los viajes al exterior con pretextos académicos que llevan a pensar si no sería más austero adquirir un avión como hizo el Gobierno.
Por si estos indicios de emparentamiento fueran pocos, Fama legó al nuevo rector, Oscar Arellano, una deuda multimillonaria y absurda, con ejecución lista en sede judicial.

El clavo
La UNCA le debe a la Caja Complementaria del Personal Docente 200 millones de pesos por aportes impagos de retenciones sobre los sueldos universitarios que dejaron de hacerse en 1998, sin que jamás se haya abonado complemento jubilatorio alguno. Para la antología del disparate.
La cifra comenzó a acumularse en 1998, cuando el Consejo Superior rescindió un convenio complementario en el que la UNCA era agente de retención de los aportes. Una sentencia judicial determinó ese mismo año la nulidad de tal decisión, por unilateral. Sin embargo, ni el entonces rector Salerno ni el Consejo Superior enmendaron el error acordando con la Caja una rescisión regular, y para 2007, cuando Fama inició su recorrido, la deuda estaba ya en los 13,2 millones de pesos.
Fama se comprometió entonces a salvar el inconveniente, que comprometía la estabilidad financiera de la UNCA, pero no solo no lo hizo, sino que el expediente judicial echó cría y ahora hay dos: uno en el Juzgado Federal catamarqueño, por 40 millones, y otro en la Suprema Corte de Justicia, por 160. 
¿Por qué el asunto no se resolvió en la génesis, cuando era más barato? Arcanos del Consejo Superior. Tampoco lo solucionó Fama. 
La cuestión es que ahí sigue el expediente, meta engordar desde hace 23 años. 

La defección
La eficacia del aparato universitario para proyectar a sus gerentes a la escena política contrasta con su timidez para intervenir en la discusión pública. Tal defección fue particularmente ostensible en lo que concierne al uso que se dio a la renta minera en Catamarca, aunque el caso lo haya justificado: la licuación de lo más jugoso de estos fondos se dio entre 2004 y 2010, bajo el Gobierno del exrector Eduardo Brizuela del Moral. La etapa coincidió con un ciclo próspero de la economía nacional y los ingresos al erario provincial se dispararon.
Entre 2004 y 2007, pasaron de 290,1 millones de dólares a 780,2: un crecimiento anual promedio del 41,48%. Entre 2008 y 2011, el ritmo mermó 18,44% anual.
Si se toman los ocho años, en 2011 entraron a las arcas provinciales 1.065,8 millones de dólares más que en 2003: 367,33% más; 45,91% promedio anual.
El resultado estructural más significativo de esta inédita inyección de recursos económicos, regular, sostenida, previsible durante 8 años, fue el paroxismo de las designaciones en la administración pública.
El personal de los tres poderes de la Provincia pasó de 25.611 agentes al finalizar 2003, a 40.614 en 2011: un 58,5% más. 
Lo ocurrido en los municipios, que comenzaron a recibir las regalías con la sanción de la ley 5128, fue aún más brutal. El personal de las comunas pasó 8.789 personas en 2003 a más de 17 mil en 2012, lo cual significó un incremento de nada menos que el 102,6%.
Entre Provincia y municipios, los planteles de la administración pública provincial crecieron, entre 2003 y 2011, el 68,8%. 
La población de Catamarca, en tanto, creció entre 2001 y 2010 menos de un 10%.
Ese es el saldo de la política que llevó adelante un hombre salido de la institución que se postula como faro intelectual: la consolidación de la elefantiasis estatal, sin inversiones de importancia en actividades productivas e infraestructura ni recuperación de un sistema financiero local.
Fue en esa etapa que desembarcaron las sucursales bancarias y empezaron a proliferar las financieras y la usura, con clientela cautiva: la masa desmesurada de empleados públicos con ingresos fijos y devolución asegurada vía “códigos de descuento”.
El proceso se desarrolló ante el silencio de la UNCA, única entidad local con autonomía económica y financiera suficiente para disentir con el Gobierno sin temor a represalias. Consentimiento por defección.
 

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