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editorial

En Catamarca siempre gana el oficialismo

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21 de noviembre de 2021 - 01:01 Por Redacción El Ancasti

En Catamarca siempre ganan los oficialismos para cargos provinciales. Es una verdad casi perfecta. “Casi” porque hay algunas elecciones de medio término, es decir, cuando se eligen legisladores, que la oposición puede ganar, como ocurrió en 2013. Y también porque hay una excepción que confirma la regla también cuando se ponen en disputa cargos ejecutivos: en 2011 el oficialista Frente Cívico perdió ante la oposición justicialista. Es el único antecedente de oficialismo que pierde en elecciones para gobernador. Se conjugaron dos factores que favorecieron el desenlace: el FCS, que desde 1991 venía prescindiendo de los alineamientos nacionales, en 2011 decidió enfrentarse abiertamente con el kirchnerismo, que ese año arrasó en las elecciones nacionales. El otro factor es que Eduardo Brizuela del Moral se presentó a una segunda reelección, y tal vez una porción de la ciudadanía decidió que aferrarse tanto tiempo a un cargo era demasiado.

Pero, salvo esa excepción en una elección para cargos ejecutivos y alguna que otra en comicios de medio término, puede decirse que en Catamarca siempre ganan los oficialismos. ¿Por qué sucede esto? En una sociedad donde el Estado tiene tanto peso y tanta presencia, la fuerza política que ocupa los principales cargos de gobierno corre con una ventaja indudable. Puede incidir electoralmente a través de medidas concretas de gobierno, ya sea que éstas propicien el bienestar general o solo tengan como finalidad lograr el voto de los ciudadanos, lo que habitualmente se identifica como prácticas clientelares.  El clientelismo tiene una condena moral, pero no es fácil objetarlas legalmente, salvo en aquellos casos en los que se violan normas concebidas específicamente para morigerar o impedir esas prácticas.

Pero hay otro modo más brutal de aprovechar esa posición de privilegio que implica gobernar. Es usar la estructura estatal, la infraestructura y los recursos materiales y humanos para beneficio del o los candidatos oficialistas. Lamentablemente, como lo puede constatar cualquier ciudadano, es una práctica muy habitual en la política local a la que apelan todas las fuerzas que logran hacerse de una porción del aparato estatal. También, por supuesto, la oposición, que utiliza los recursos de los municipios que gobierna o, como en el caso de las últimas elecciones, la universidad, como herramientas para potenciar los postulantes propios. Por esa razón, las denuncias de la oposición provincial contra el oficialismo por la utilización de los recursos públicos para la campaña, aunque fundamentadas, estuvieron teñidas de hipocresía.

¿Es posible hacer política partidaria sin el apoyo de una estructura estatal? Es posible, claro. Pero las chances de que ese partido sea competitivo electoralmente es prácticamente inexistente. 

Se sabe que la Democracia representativa es un sistema imperfecto por sus propias limitaciones. Pero más imperfecto se torna cuando se violenta su espíritu con estrategias inmorales o incluso ilegales como las señaladas. El problema es que no se advierte sector político con autoridad moral para denunciar estos vicios, salvo los que nunca tuvieron acceso a estructuras de poder.

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