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EDITORIAL

Contra la tentación de la hegemonía

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17 de noviembre de 2021 - 01:03 Por Redacción El Ancasti

Además del propósito original para el que fueron concebidas –dirimir las internas partidarias en elecciones abiertas-, las PASO han adquirido otra funcionalidad con el correr de los años. Son como una especie de ensayo general de las elecciones que se celebran dos meses más tarde, una especie de mega encuesta para sopesar el estado de ánimo político de los argentinos, la presentación de un escenario electoral que luego deberá ser ratificado en las generales, que son en definitiva las únicas válidas para la distribución de los cargos electivos.

Lo que puede observarse en los últimos años es que el electorado no se comporta de un modo idéntico en una instancia y la otra, aunque las tendencias sean parecidas. Las elecciones generales suelen “corregir” un poco los resultados de las PASO. Esto es, tienden a dotar de mayor equilibrio la distribución del poder, evitando hegemonías que suelen ser perniciosas.

En 2019, las PASO de agosto mostraron a Alberto Fernández 15 puntos porcentuales más arriba de su competidor, Mauricio Macri. El resultado entusiasmó al Frente de Todos, que pronosticó una paliza histórica para las que se celebraban dos meses después, tal vez una distancia de 20 puntos que le otorgue al peronismo y aliados mayoría cómoda en ambas cámaras del Congreso de la Nación. Sin embargo, en octubre la distancia se achicó a 8 puntos.

En 2021, siempre a nivel nacional, las PASO exhibieron que el nivel de votos de la oposición era muy superior al del oficialismo. Juntos para el Cambio se animó a soñar con conquistar la presidencia de la Cámara de diputados de la Nación y el propio Macri habló de “una transición ordenada”, dando a entender que el gobierno de Fernández estaba prácticamente terminado. Otra vez el electorado dio su veredicto. Hubo una recuperación de votos del Frente de Todos y dejó abierto el escenario electoral de cara al 2023. 

Lo mismo sucedió en 2019 y este año en Catamarca. A los triunfos contundentes del oficialismo en las PASO le sucedieron, dos meses después, remontadas moderadas de la oposición provincial. 
Entre una instancia electoral y la otra el lapso transcurrido es muy corto, de modo que no puede atribuirse a un cambio en el escenario político el distinto comportamiento electoral. Hay ciudadanos que cambian su voto y, sobre todo, ciudadanos que primero no votaron y luego sí para propiciar un contrapeso a la hegemonía de los ganadores.

Al margen del pensamiento político que cada ciudadano tenga, el freno a las tentaciones hegemónicas de la dirigencia es saludable. Las peores gestiones, lo errores más brutales, los comportamientos autoritarios y el ensimismamiento político suelen producirse cuando el poder delegado por la sociedad es, aunque legítimo, excesivo.

La Democracia es un sistema que distribuye poder en función de la voluntad ciudadana. Si la atomización o la diáspora de poder es un problema, también lo es la acumulación en pocas manos. El propio electorado, un porcentaje del cual no ata su voto a ningún partido en particular, suele otorgar, mediante la herramienta del voto, equilibrios y contrapesos deseables y necesarios.

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