viernes 21 de enero de 2022

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EDITORIAL

Tener clases, un privilegio

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1 de noviembre de 2021 - 01:03 Por Redacción El Ancasti

La vigencia de la pandemia fue, durante casi un año y medio, argumento para justificar el no dictado de clases presenciales en las escuelas, institutos terciarios y universidades de todo el país. Fue un argumento de peso, no cabe duda, considerando que los estudios realizados desde marzo del año pasado en todo el mundo constataron que las escuelas fueron uno de los grandes focos de contagio masivo. 

La baja sistemática en el número de casos permite descartar ese argumento. Sin embargo, persisten escuelas en nuestra provincia, y también la universidad que, insólitamente, cuando se han reabierto casi todas las actividades, tienen una dinámica muy reducida aún.

Y en aquellos establecimientos donde ya la actividad está cerca de la normalidad prepandémica, aparecen viejos inconvenientes, de ninguna manera vinculados con la circulación del virus, que impiden el normal dictado de clases. 

El Ministerio de Educación de la provincia pudo comprobar, a través de un equipo de monitoreo recientemente conformado, graves irregularidades en el funcionamiento de los IES, por ejemplo la no presencia de los docentes en las aulas aún cuando aparecían planillas firmadas por ellos como prueba formal de su presencia. La ministra ya tiene en sus manos esa información y deberá decidir qué medida adoptar. Se espera que sean sanciones ejemplificadoras para los que firmaron y no trabajaron, y, eventualmente también, para los que hicieron la vista gorda desde el punto de vista administrativo.

Las ausencias de docentes no es un problema exclusivo de los institutos terciarios. En los niveles primario y secundario de las escuelas del medio se observa, en algunos casos, un alto ausentismo. No se trata de una irregularidad del tipo de la detectada en los IES, pero sin dudas complica aún más la formación de niños y adolescentes, que llegarán a fin de año con muchos temas sin ver, por culpa de la pandemia, pero también de los faltazos docentes. Por cierto, hay ausencias justificadas, pero llama la atención los altos niveles de ausentismo, que si bien son siempre en el ámbito docente mucho más altos que en el resto de la administración pública –ni hablar en lo que respecto al empleo privado-, se esperaba que en el retorno a las aulas en ese segundo semestre no lo fuese de tal magnitud. Sería conveniente que las autoridades ejercieron controles más estrictos al respecto.
Y cuando no es la pandemia ni el ausentismo docente, suelen aparecer los problemas edilicios como causa de la suspensión de clases. Un caso paradigmático se da en el nivel inicial de la Escuela Abel Acosta de Santa María, como lo ha venido cronicando El Ancasti en los últimos meses. Los pequeños han tenido, en casi dos ciclos lectivos completos, apenas dos semanas de clases presenciales. Así no hay adaptación posible.

La cuestión es que, por la pandemia, por los faltazos docentes por el inadecuado mantenimiento de los edificios escolares, tener clases en Catamarca es un verdadero privilegio, cuando debería ser un derecho. n


 

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