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19 de octubre de 2021 - 01:10 Por Redacción El Ancasti

La Municipalidad de la Capital recordó el derecho a circular con comodidad de peatones, ciclistas y personas con discapacidades para defender las reformas realizadas en las cuadras de calle República previas a La Alameda, en el marco de la polémica por la reducción del ancho de la calzada destinada automotores y motos.

“Antes había un carril de estacionamiento en línea sobre cordón y una vía para desplazarse. Este carril era de 4,50 metros y lo hemos reducido a 3,40, todo basado en evidencia técnica que establece Vialidad Nacional para desplazamiento a 40 kilómetros por hora, la velocidad permitida en el centro. Lo que se ha sacado es ese espacio que antes, en infracción, los vehículos usaban para estacionarse en doble fila”, explicó el director de Planeamiento, Javier Varela.

Toda innovación requiere un tiempo de adaptación social. Las controversias alrededor de las intervenciones del municipio en el casco céntrico, que afectan costumbres muy acendradas, son similares a las que produjeron en la gestión anterior con iniciativas como los cambios en la plaza 25 de Mayo y la propia Alameda, la semipeatonalización de varias calles o la recuperación de las fachadas del microcentro. Los cuestionamientos, muy fuertes sobre todo durante el desarrollo de los trabajos, por los inconvenientes que producían en el tránsito y el comercio, se acallaron en cuanto se advirtieron los beneficios.

En el caso del avance sobre la República, las objeciones radican en los trastornos que el estrechamiento de la calzada impondría la circulación de automóviles, lo mismo que se decía cuando se angostaron tramos en el microcentro de Sarmiento, Esquiú y Rivadavia. 

Varela responde que peatones y ciclistas tienen tanto derecho a circular sin obstáculos como los automovilistas y aún más si se considera el criterio casi unánime de configurar una ciudad “sustentable” desde el punto de vista ambiental. Peatones, discapacitados y usuarios de transportes que no producen polución deben tener prioridad.

Además, el funcionario marca que las obras de ningún  modo perjudican a los automovilistas y consigna que, en realidad, lo que reducen es el margen para la infracción clásica de estacionarse en lugares prohibidos o en doble fila “un ratito” para hacer una compra o retirar a los chicos de la escuela. En la zona epicentro de la discusión está, precisamente, el colegio Pía Didoménico.

“No ha cambiado, sino que ahora se le dio una función como la bicisenda. La calle ahora va a cumplir una función para los peatones, los vehículos o los ciclistas de manera lógica, porque antes transitaba una persona con dificultades motoras en silla de ruedas y no podía pasar entre una fachada, un árbol o un elemento del alumbrado público”, dijo.

El nuevo ancho de calzada induce “una reducción del tránsito vehicular, obliga a que los vehículos vayan más despacio y en consecuencia que los peatones tengan más seguridad”, señaló, y recordó que “esta obra responde al plan que se aprobó en el 2003 por parte del Concejo Deliberante a través de la ordenanza 3.689, de base del Plan Urbano ambiental de San Fernando del Valle de Catamarca, en la gestión de Luis Rebellato, que continuó Ricardo Guzmán. En el plan participaron los ciudadanos e incluso se llevaron a cabo talleres participativos con los vecinos, en los cuales se reconoció la necesidad de intervenir en el centro de la ciudad”.

Los argumentos oficiales son sólidos. El punto flaco de la política general diseñada para el centro es, sin embargo, la falta de controles y sanción a los infractores. La circulación es menos fluida, en especial en las horas pico, no porque las calles sean más estrechas, sino porque los automovilistas continúan transgrediendo las normas de tránsito sin que ninguna autoridad los disuada.

Esto es particularmente notorio con el estacionamiento en doble fila, más problemático en el horario de salida de las escuelas.
Una gestión integral eficaz demanda que, al mismo tiempo que desarrolla el programa para hacer una ciudad más amable, el municipio haga valer su poder de policía.

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