jueves 13 de junio de 2024
Editorial

Con el PP mejora la calidad de la democracia

Por Redacción El Ancasti

La experiencia del Presupuesto Participativo (PP), retomada este año por la gestión de Gustavo Saadi al frente del municipio capitalino, apela a mecanismos de democracia semidirecta, que, como tal, enriquecen la gestión pública al sumar la opinión y las propuestas de los ciudadanos casi como mandato vinculante para definir el destino de una porción, pequeña por ahora (solo el 3% del total), de los recursos de la comuna, sobre todo en el área de la obra pública. 

La primera experiencia de este tipo en la ciudad se realizó durante el primer mandato de Ricardo Guzmán (2003-2007), pero luego de discontinuó hasta que este año, en el discurso de apertura de sesiones del Concejo Deliberante, el intendente Saadi anunció su retorno.

El Presupuesto Participativo es un proceso mediante el cual la ciudadanía, conjuntamente con las autoridades, decide la asignación de los recursos presupuestarios. Es decir, se establece qué obras prioritarias se van a realizar en un año en cada sector de la ciudad. La primera iniciativa de estas características en el mundo se realizó en la ciudad brasileña de Porto Alegre en 1988 cuando asumió la gestión de esa ciudad el Partido de los Trabajadores. El objetivo principal era dotar a la población de servicios básicos de infraestructura pública y reducir las desigualdades sociales. El modelo que tomaron fue el de las asambleas autogestionarias de vecinos de la Comuna de Paris, en 1871, en un contexto político por supuesto muy diferente del actual y del predominante en las últimas décadas del siglo pasado.

La implementación del PP es una ayuda inestimable para los concejales, sobre todo aquellos que tienen representación territorial. Es decir, los que son elegidos “por circuito”. Algunos de esos circuitos, como el 7 o el 3, son extremadamente extensos. Entre ambos abarcan más de la mitad de la ciudad Capital. Es decir, que dos ediles representan a alrededor de 100.000 habitantes, muchos de los cuales esperan que esa representación se traduzca en obras “para el barrio”. Si ya es difícil para el concejal que milita en el oficialismo garantizar que el Ejecutivo haga tal o cual obra en determinado lugar, mucho más lo es para uno que es opositor. 

Pero los mecanismos de participación en la definición de las obras a ejecutar en el periodo de un año tienen la virtud de ordenar el debate y facilitar la representación. Los concejales por circuito deberán tener funciones de organización de los vecinos para las instancias participativas, en la sistematización de las opiniones y, sobre todo, en la responsabilidad para garantizar que las propuestas se incluyan en el presupuesto anual de obras y, finalmente, se ejecuten.

El Ejecutivo también se ve beneficiado, porque la interacción directa con los vecinos mejora la calidad de la democracia y ordena las prioridades, alejando a las autoridades de la tentación siempre presente de incurrir en discrecionalidades a cambio de votos o algún otro tipo de apoyo popular.

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