Cara y Cruz

Sitio impune

jueves, 14 de octubre de 2021 · 01:10

Pese a que el paro del Sindicato de Obreros y Empleados Municipales fue declarado ilegal hace ya dos semanas, Walter Arévalo, líder del gremio y candidato a concejal, lo sostiene junto a un puñado de acólitos que lo ayudan a desplegar la táctica de los micropiquetes que ideó para tratar de disimular su menguada capacidad de convocatoria. 
El paro es un fracaso. 

Desde la perspectiva sindical, los servicios de la comuna se prestan normalmente debido a que la adhesión de los municipales a la medida es de escasa a nula. El aislamiento del municipal como dirigente, además, se torna cada vez más ostensible: la elevación a juicio de la causa en la que está imputado por coacción agravada no generó ninguna señal de solidaridad más allá del reducido círculo que todavía lo sigue en sus desvaríos.

Lo mismo ocurre desde el ángulo político. Los micropiquetes que obstaculizan el tránsito céntrico y el prepotente estilo del jefe del SOEM no logran más que acentuar el rechazo social al método y al personaje.


Ambos resultados eran previsibles. Con pretextos caprichosos, Arévalo se niega a refrendar el aumento salarial del 14% ofrecido por el municipio capitalino que llevaría el incremento anual al 49%, cifra que excede no solo lo otorgado por la Provincia sino también lo obtenido por gremios tan poderosos como el de los camioneros o los bancarios.
Frente a tan menesteroso balance, es inexplicable la impunidad con que el grupúsculo cerca la ciudad y violenta el derecho a circular.

El SOEM lleva dos semanas desacatando la disposición de la Dirección de Inspección Laboral que puso el paro al margen de la ley sin sufrir consecuencia alguna. La rebeldía no provocó ni siquiera una multa, que debería ser determinada por el Ministerio de Trabajo de la Nación. 

Tampoco ha avanzado la DIL en el terreno judicial para hacer que el gremio deponga su actitud. Tal pasividad es llamativa, pues al declarar la ilegalidad de la medida de fuerza el organismo consideró que SOEM había “violado en forma flagrante las disposiciones legales en juego”. 
En aquel momento, Arévalo anticipó que se pasaría la decisión de la DIL por donde se le ocurriera. La calificó como un “mamarracho administrativo” redactado “por un funcionario de un sector minoritario, que le responde a la CGT". 


Siguiendo una jurisprudencia unánime de prescindencia, el Poder Judicial se abstiene de actuar de oficio para garantizarle a los vecinos capitalinos el derecho a transitar. Razonablemente, los particulares afectados por la patología beligerante de Arévalo son reticentes a denunciar a tamaño energúmeno.
La abulia de las autoridades estimula la imaginación del jefe del SOEM, que ayer presentó una nueva faceta histriónica, asumiendo el papel de víctima, diametralmente opuesto al de aguerrido revolucionario que suele desempeñar, aunque de todos modos poco creíble. 


Acaso inspirado en el incidente que protagonizaron  el ministro de Seguridad de la Nación, Aníbal Fernández, y el humorista Nik, Arévalo denunció en la Dirección de Sumarios de la Corte de Justicia al fiscal que elevó a juicio el expediente por coacción agravada que lo tiene de reo. 

“Brindaron datos filiatorios en un grupo de prensa donde figura mi domicilio, el nombre de mi padre a las 9.40, y a las 18 fui notificado sobre la decisión del fiscal. Lo grave es que con esto queda demostrado que el municipio maneja y tiene una campaña en contra de mi persona, quieren demonizarme y lo preocupante es que este número pertenece al mismo municipio de la Capital, a la Secretaria de Desarrollo Humano que está a cargo del funcionario que me denunció”, dijo en referencia a Alberto Natella. Todo compungido, una cosa de lo más conmovedora.

Pobre Cristo. Faltaría que encima alguien haga algo para que termine el sitio impune que monta todas las mañanas con sus micropiquetes a San Fernando del Valle.

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