Editorial

Esperando, otra vez, las inversiones

jueves, 14 de octubre de 2021 · 01:08

El FMI acaba de corregir hacia arriba la estimación de crecimiento de la economía argentina, situándola en 7,5% para este año. En abril la estimación había sido de 5,8% y en julio de 6,4%. Evidentemente la flexibilización de las restricciones impuestas por la pandemia ha logrado reactivar la economía y es probable que luego del pésimo 2020 como consecuencia de la pandemia, nuestro país logre por lo menos dos años seguidos de crecimiento –para el 2022 el Fondo calcula una evolución del PIB del orden, por ahora, del 2,5%-, algo que no consigue desde hace una década.

Pero tal crecimiento obedece fundamentalmente, según todos los analistas políticos, a un rebote de la larga crisis que comenzó con los dos últimos años de la gestión de Cambiemos y se prolongó el año pasado. El desafío es convertirlo en crecimiento sustentable, en desarrollo.

La recuperación se basa fundamentalmente en la rehabilitación de los niveles de la capacidad instalada que se mantuvo frente a la crisis. El fenómeno se advierte con nitidez en la industria, que tiene aún margen para el crecimiento, al igual que otros sectores como el turismo o el comercio. Pero también tiene un techo si no crecen en forma significativas las inversiones y consecuentemente se amplía la capacidad instalada que se derrumbó en el último lustro.

Un informe publicado por el Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (ITE-FGA) habla de amesetamiento de la economía: “Obedece al magro repunte que se observa en el consumo, sumado al freno que se observó en lo que va del año en la inversión, tras el fuerte repunte que había mostrado en la segunda parte del 2020”. Hay que aclarar, de todos modos, que el estudio se basa en datos recogidos en meses en los que se habían restablecido las restricciones como consecuencia de la segunda ola de casos de Covid-19 en la Argentina. En septiembre y agosto el consumo se incrementó notablemente y con ella toda la actividad económica. Prueba de ello fue el éxito turístico del último fin de semana largo y el repunte de las ventas para el Día de la Madre respecto de años anteriores.

De todos modos, si el consumo se incrementa crece la demanda, que el mismo Estado puede incentivar con políticas redistributivas, pero las inversiones insuficientes pueden restringir la oferta y allí se produce un cuello de botella que solo puede resolverse con medidas de política económica que promuevan la inversión en aquellas áreas estratégicas para el desarrollo argentino. 

Para que haya inversiones es preciso que los gobiernos marquen un rumbo claro de su política económica, que haya previsibilidad y reducción de incertidumbre. Esa falta de rumbo hizo colapsar la economía en la segunda parte del mandato de Mauricio Macri, que se pasó los cuatro años esperando una lluvia de inversiones que nunca llegó. Habrá que ver si el actual gobierno puede lograrlo, tarea difícil, además, en un contexto actual de debilidad política.

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